Fandom: Harry Potter
Pareja: Remus/Tonks
Título: A diez centímetros de ti
Notas: Sucede durante el verano anterior al quinto año de Harry en Hogwarts, justo antes de que el chico llegue a Grimmauld Place.
El verano más caluroso de la historia en Londres, y ni siquiera podía irse de vacaciones. No recordaba haberse sentido tan cansado en mucho tiempo, porque el calor le afectaba casi tanto como la luna llena y le hacía ser consciente de que, además de mago y licántropo, era un hombre. Sobre todo un hombre, y más cuando veía a Tonks sentada cerca de él, con las gotas de sudor cayendo por su frente y una botella de agua casi helada en las manos.
- Podrías ir a la piscina con Ron y Hermione –sugirió a la chica, apartándose un mechón de su canoso pelo- Hoy será el peor día.
- Por si no te has dado cuenta, esto es Londres –repuso ella con sonrisa irónica- Las pocas piscinas que hay, son privadas. Y dudo que los muggles nos las cedan.
- Ya…
- Remus, solo es un poco de calor. Bueno, mucho calor, sí, pero seguro que resistiremos.
Volvió a sonreírle una vez más antes de salir de la cocina, y cuando finalmente lo hizo, Lupin suspiró aliviado. Quizá era solo el calor, pero últimamente, cuando la chica estaba tan cerca de él se sentía extraño, de un modo que llevaba años sin experimentar. Tonks parecía estar siempre tan cerca de él, sentada a unos pocos centímetros, que a veces Remus sentía ganas de lanzarse sobre ella, no como un lobo sino como un hombre. Estaba viviendo cosas que casi creía olvidadas, y era muy consciente de que ella era solo una muchacha a la que no debía complicar la vida.
Se cruzó con Sirius cuando iba hacía su habitación, desesperado por una buena ducha de agua fría.
- ¿Te apetece una cerveza, Remus?
- No, gracias –respondió distraído- Iba a ducharme, estoy muerto de calor.
- Venga, te sentará bien –insistió su amigo- Así me cuentas lo que te pasa por esa cabeza hueca.
Aceptó finalmente, y volvió a sentarse en la misma silla de la cocina mientras Sirius cogía un par de botellas de la nevera y se sentaba frente a él. La casa parecía extrañamente calmada, y lo cierto era que lo agradecía, porque nadie podría darse cuenta de lo que le pasaba. Nadie excepto su amigo, que le conocía desde hacía muchos años y ahora, apoyado en la silla de madera, le miraba con aire inquisitivo esperando una explicación.
- Vamos, no pretendas hacerme creer que no es nada –le miró a los ojos y dio un buen trago a su cerveza- Te conozco, y sé que no es solo el calor.
- Es una estupidez –rió, bebiendo también- Solo había olvidado ciertas sensaciones.
- Lunático, creo que no tienes remedio.
- Bueno, supongo que a ti puedo contártelo. Es raro, pero no recordaba cómo se siente uno siendo un hombre. Puede que sea solo por el calor.
- Tengo un par de revistas arriba –bromeó Sirius, guiñando un ojo a su amigo- Y bien, ¿quién es la desafortunada? ¿La conozco?
Remus se dio cuenta de que le costaba hablar de lo que Tonks provocaba en él. No encontraba palabras, a pesar de que con Sirius siempre había hablado de todo y desde su juventud había sido su confidente y consejero. Le costaba creer que sus sentimientos no fuesen fruto solo del calor y el verano.
- Déjalo, es solo este estúpido calor –apuró su cerveza y se levantó- Por el verano.
- Ah, no y no –le obligó a sentarse de nuevo, y abrió dos botellas más- No te vas a escapar ahora, no sin decirme quién es ella.
- Es Tonks –dijo sin más, como escupiendo las palabras.
- Detesto ser yo quien te lo diga, pero tienes un problema. Es una cría, Remus, no se fijará en ti.
- No quiero que lo haga, no quiero tener nada con ella.
Sirius le miró contrariado, sin alcanzar a entender lo que quería. Ni él mismo lo entendía, en realidad, pero tenía más que claro que no podía mantener una relación con Tonks, ni aunque ella correspondiese sus sentimientos. Era un hombre lobo que solo podría traerle problemas, y si iba más allá y se ponía en el papel de sus padres, nadie querría a alguien como él para sus hijos. Debía olvidar todo lo antes posible.
Terminó su segunda cerveza y se despidió de Sirius. A pesar de haberse desahogado y de las bebidas, seguía necesitando una ducha y se tomó su tiempo bajo el grifo antes de regresar a la cocina. Molly ya había servido la cena, y Remus se sentó en su silla habitual. Un minuto después, apareció Tonks y, como siempre, se sentó justo a su lado, tan cerca que hubiese jurado que podía sentir los latidos de su corazón. La patada de Sirius por debajo de la mesa no le ayudó a relajarse, y le hizo ponerse rojo.
- ¿Estás bien? –le preguntó Tonks- ¿Te has atragantado?
- Sí, pero ya ha pasado –aseguró con toda la calma que pudo- Estoy bien.
- He terminado el libro que me dejaste, es muy interesante.
- Me alegra que te haya gustado, mañana te dejo alguno más.
- ¿Podría pasar por tu cuarto a por uno? –pidió terminando su filete- Si no leo, no consigo dormirme.
- De acuerdo –aceptó después de unos segundos- Pásate luego y buscaremos algo.
Remus alargó el final de su cena y se quedó hasta tarde conversando con Sirius y Arthur acerca de todo lo que se le ocurría. Cuando finalmente subió a su cuarto, creyó que había evitado a Tonks por el momento, pero poco después la chica llamó a su puerta.
- Pasa –invitó Remus con fingida tranquilidad- Mira, todos mis libros están en esa estantería.
- Tienes un montón –advirtió la chica, entre admirada y sorprendida- No sé cuál escoger.
- Tengo uno sobre Oclumancia muy interesante, debe estar por aquí.
- ¿No sería más útil Defensa contra las Artes Oscuras?
- Cierto –afirmó mientras rebuscaba en la estantería- Toma, éste es bastante bueno.
Cuando se volvió de nuevo, supo que no sería fácil olvidar lo que Tonks había despertado en él. La chica parecía tener la habilidad de estar siempre a escasos centímetros de él, y cuando aquello sucedía, Remus era incapaz de pensar con claridad y solo podía concentrarse en lo bien que olía Tonks y en lo mucho que le gustaba. Sudaba mucho más de lo que hubiese sido normal, pero desde fuera parecía la persona fría y segura que solía ser. Estaba tan acostumbrado a controlar sus emociones que ya lo hacía involuntariamente, por mucho que en su interior su corazón latiese a mil por hora y sus hormonas se revolucionasen. Solo cerca de Tonks era consciente que su condición de hombre.
- Muchas gracias –sonrió la chica, cogiendo el libro- Te lo devolveré pronto.
- No hay prisa –aseguró él, y recordó de repente que debía respirar- Espero que te guste.
- Seguro que sí. Buenas noches, Remus.
Antes de marcharse, le dio un breve beso en la mejilla que le dejó completamente paralizado. Reaccionó justo cuando Tonks cerró la puerta tras de sí, y se golpeó la frente en un intento por deshacerse de esos pensamientos. Solo era capaz de recordar lo cerca que la había tenido, lo tierno del roce de sus labios en su mejilla y el perfume dulce que desprendía. Necesitaba otra ducha fría antes de poder acostarse.
Fandom: Héroes
Personajes: Peter, Nathan, Mohinder
Título: Más que un apellido
Nota: Después de la explosión, Peter empieza a buscar desesperadamente a su hermano.
No le hacía falta que nadie se lo dijese, los años le habían ayudado a comprender que sin Nathan estaba perdido. Siempre había ejercido perfectamente su papel de hermano mayor, ocupándose de todo y tratándole como a un niño indefenso. Ahora que Nathan había desaparecido –no quería si quiera pensar en su posible muerte- volvía a sentirse así y no había nadie para aconsejarle o ayudarle.
Recogió las últimas cajas de su apartamento y un taxi le llevó hasta el nuevo que había alquilado, muy cerca del Hospital NewYork-Presbyterian en el que empezaría a trabajar en un par de meses. Había solicitado la plaza antes de que toda la locura empezase, y ahora tenía muchas ganas de comenzar a trabajar allí para olvidarse de todo lo demás. Además, de alguna forma tenía que pagar el dineral que le estaba cobrando el detective Conelly por buscar a Nathan.
Aunque dejaba actuar al profesional, Peter también continuaba con la búsqueda por su parte. Había avisado a todos sus amigos, a la oficina de Nathan y prácticamente a toda la gente que le conocía para que le llamasen si había alguna noticia.
Cada vez que un avión sobrevolaba la ciudad, Peter se estremecía recordando el heroico acto de su hermano, pero por mucho que lo había intentado, no era capaz de acordarse de lo que había pasado durante la explosión. No recordaba dónde había sucedido, ni lo que había pasado con su hermano. Solo sabía que había despertado un par de días después en Central Park, y de eso hacía ya una semana. Empezaba a perder la esperanza, pero no quería rendirse.
Después de desempaquetar sus cosas y prepararse un sándwich, llamó a Mohinder Suresh, como hacía cada noche.
- No hay ninguna novedad –le anunció con voz cansada- ¿Y tú, qué tal?
- Tampoco sé nada –dijo su amigo- Peter, sigo pensando que deberías hablar con alguien.
- No necesito un psiquiatra, Mohinder, necesito a mi hermano.
Nadie parecía entender el vínculo que existía entre él y Nathan, pero Mohinder al menos no insistía ni le miraba como si fuese de otro planeta. Él también había perdido a su padre en esa lucha, y todo lo que habían pasado les había convertido en buenos amigos. De hecho, últimamente Mohinder era la única persona con la que Peter hablaba.
Se acostó y, como siempre desde hacía una semana, tardó demasiado en dormirse. Aún luchaba con sus recuerdos cuando un ruido le sobresaltó. Se levantó de la cama y cogió la pistola que le acompañaba desde hacía un par de meses antes de salir al pasillo. A pesar de la oscuridad, pudo distinguir una silueta.
- Dispararé si no te vas ahora mismo.
- No, Peter, soy yo –respondió una voz grave- Soy Nathan.
- ¿Nathan? –guardó la pistola y encendió la luz antes de abrazar a su hermano- ¿Cómo estás? ¿Cómo sabías que me he mudado?
- Me lo dijo tu antiguo casero.
Peter le miró de arriba abajo, y volvió a abrazarle con más fuerza tras comprobar que no tenía heridas visibles. La única señal de su semana ausente era una poblada barba y aspecto agotado. Le invitó a sentarse en su sofá, y preparó té.
- ¿Tienes hambre? –preguntó sentándose junto a él- Puedo prepararte algo.
- No, Peter, ahora no –rechazó con la cabeza- Supongo que te preguntarás dónde he estado.
- Sí, la verdad es que sí. Apenas recuerdo la explosión.
- Justo antes de estallar, te soltaste de mí y saliste hacia el lado contrario. No pude controlarlo y caí no sé muy bien dónde.
- ¿Y porqué no volviste? –se interesó Peter, sirviéndole más té- Sabías que estaría en Nueva York.
- No tenía dinero, nadie me conocía y tardé días en encontrar a alguien que me trajese –explicó bebiendo un reconfortante trago- Y bueno, después de eso, tampoco ha sido fácil encontrarte.
Terminaron sus bebidas y Peter le ofreció a su hermano la cama y se acostó en el sofá. Ahora que había vuelto, se sentía más tranquilo y fue capaz de dormir ocho horas seguidas. Nathan despertó más tarde, mientras su hermano preparaba la comida con aspecto alegre y relajado.
- ¿Sabes algo de Heidi y los niños? –preguntó el mayor, sentándose en una banqueta- ¿Les has visto?
- No, no quieren hablar conmigo –cambió su gesto- Creo que deberías visitarles, están preocupados.
- Sí, claro, llegaré como si nada hubiese pasado y le diré a mi mujer que he estado desaparecido porque mi hermano explotó mientras volábamos sobre Nueva York.
- No hay nada malo en estos poderes, Nathan, tienes que aceptar este regalo que nos han dado.
Se duchó y afeitó mientras Peter terminaba la comida, y después salieron a pasear por la ciudad. Peter se dio cuenta de que Nathan experimentaba los mismos sentimientos que él pasar ante los lugares que algo más de una semana atrás habían sido testigos de su lucha. Aunque siempre habían vivido en Nueva York, ahora todo tenía nuevos significados.
Después de recorrer todos esos sitios, regresaron al nuevo piso de Peter, y pidieron una pizza para cenar, mientras veían una película antigua. Era un alivio estar de nuevo juntos después de todo lo que había sucedido.
- Contraté un detective –decidió sincerarse- Nathan, no soportaría perderte.
- No te preocupes –sonrió dándole una palmada en el hombro- No te dejaré solo, hermanito.
- Jamás pensé que este apellido uniría tanto.
- Lo de ser Petrelli es secundario, Peter, te quiero y eso es lo que cuenta.
Nathan le dio un cariñoso beso en la frente justo antes de acostarse, y cuando Peter se tumbó en el sofá aquella noche recuperó la vieja sensación de que, mientras su hermano estuviese cerca, no tenía nada por lo que preocuparse.
Fandom: Anatomía de Grey
Pareja: Derek/Meredith
Nota: Muy poca gente conoce ciertas facetas de Meredith Grey.
Mientras la observaba desde la puerta de la cocina, Derek se dio cuenta de lo mucho que le gustaba ver cocinar a Meredith. No es que lo hiciese especialmente bien, pero cuando ella hacía la cena, sentía una familiaridad y comodidad que creía haber perdido un tiempo atrás. Era como si, por el simple hecho de que ella le preparase un filete, estuviese diciendo que se quedaría junto a él para siempre, y eso era justo lo que él quería.
- Mierda –exclamó la chica, sin saber que él la miraba- Qué desastre…
- ¿Ocurre algo? –Derek rompió su silencio y caminó hacia ella- ¿Te has cortado o quemado?
- No tengo pimienta.
- ¿Y cuál es el problema?
- Entrecot a la pimienta –señaló la carne y otros ingredientes- Pero no hay pimienta
Derek sonrió y besó en la mejilla a su chica, que pareció relajarse. La intimidad de su hogar le hacía tener más ganas aún de estar con ella para siempre.
- No te preocupes –dijo mirándola- Iré a comprar.
- Muchas gracias –sonrió ella esta vez- Que sea blanca, por favor.
Fandom: Héroes
Pareja: Peter/Claire
Título: Es imposible
Claire está harta de la mansión Petrelli, de que la tengan escondida, de no poder hablar con su familia, y de los mismos Petrelli. Salvo de Peter, claro. Es el tío perfecto: sincero, amable con ella, la trata como una adulta y es más un amigo que un familiar. Perfecto, excepto por el hecho de que para ella, desde el momento en que le conoció, significó mucho más que cualquier amigo o familiar.
Recuerda con claridad la primera vez que le vio, en el instituto. Aún no podía ni imaginar que la salvaría de Sylar, y mucho menos que era el hermano de su padre biológico, pero ya entonces sintió algo por él. Solo con el tiempo fue capaz de darse cuenta de que eso que sentía era lo más parecido al amor que había experimentado en toda su vida.
Ahora, estando en la mansión Petrelli, y sabiendo que Peter y él compartían ese apellido, no podía dejar de sentirse culpable pero, a pesar de ello, el sentimiento seguía existiendo. Cada vez que Peter visitaba la casa y la saludaba con esa sonrisa capaz de derretir hasta los polos, Claire deseaba desaparecer.
- Hola –saludó su tío- ¿Cómo te va?
- Bueno, no me puedo quejar –responde mientras trata de controlar el temblor de sus piernas- ¿Vienes a ver a Nathan?
- En realidad, quería hablar contigo, si tienes tiempo.
- Claro, no tengo nada que hacer –dice con cierta ironía- ¿Pasa algo?
Los segundos que Peter tarda en responder le parecen eternos, y se recrea observando sus ojos, tan sinceros como siempre, y ese mechón rebelde que cae sobre su frente. Definitivamente, y siendo objetiva, es guapo. Muy guapo, y si solo fuese eso podría resistir, pero además resulta que es inteligente, sensible y miles de cosas más. Y su tío, eso no debe olvidarlo.
- ¿Recuerdas cuando nos conocimos?
- Buscabas a Sylar por un cuadro de ese pintor amigo tuyo, ¿no?
- No exactamente –hizo una mueca- Yo buscaba a una animadora que tenía que salvar, y así se suponía que salvaría el mundo.
- Ya, qué cosas –sonríe Claire- Y no creías que era yo.
- No, pensé que se trataba de esa chica a la que Sylar mató, y supongo que él también.
- ¿Por qué me cuentas ahora todo esto?
- Ya te ayudé una vez –recuerda Peter- Si me necesitas de nuevo, soy tu tío y estaré aquí siempre. Sé que esto debe ser duro para ti.
Es increíble que no sea capaz de decirle que lo único que necesita, la mejor forma en que podría ayudarla, sería un abrazo y un beso. Se muere de ganas de saber cómo besa, de comprobar si es tan dulce como parece y de caer entre sus brazos, pero sabe que no debe y que, además, es estúpido pensar que Peter podría sentir lo mismo.
Se queda un rato más hablando con ella, y cuando finalmente se marcha, Claire no puede controlar más su pensamiento, y sabe que él lo ha notado.
- Es imposible.
- ¿Cómo?
- Es imposible, Claire –repite su tío, sin mirarla a los ojos- Lo siento.
Y sin embargo, esa disculpa hace que la chica se sienta bien por primera vez en muchos días, porque sin necesidad de leerle la mente, se da cuenta de que, si la situación fuese distinta, Peter ahora no estaría marchándose ni pidiéndole perdón.
Fandom: Tan muertos como yo
Pareja: George/Mason
Título: Solo quiero sentir
Nota: George pasa su primer San Valentín como aparecida.
Mientras caminaba de vuelta a la Casa de los Gofres, George se dio cuenta de que aquello le importaba más de lo que hubiese admitido. Normalmente le importaba estar muerta, pero el día de San Valentín, con todo lleno de parejas y corazones, era casi insoportable. Su primera misión del día ya estaba cumplida y solo eran las once, así que volvió al restaurante tratando de ignorar todo lo que pasaba alrededor.
Se sentó en la mesa que siempre ocupaban, aún vacía. Pidió un café y pronto se unió a ella Mason, que parecía tan alegre como cada día. A veces envidiaba su capacidad de seguir adelante con tanto optimismo.
- Feliz San Valentín –sonrió sentándose frente a la chica- ¿Cómo ha empezado el día?
- Un suicida de 43 años –comentó George, bebiendo un trago de su taza- ¿Has desayunado?
- No, voy a pedir algo para los dos. Hoy invito yo.
El chico encargó gofres, y los devoró en cuanto la camarera se los sirvió. Parecía incluso más alegre de lo habitual, y George incluso llegó a preguntarse qué motivos tendría. Ella se sentía desgraciada y más enfadada que nunca de estar muerta cuando podría haber estado pasando San Valentín con algún chico vivo y al que le gustase. Todo aquello era increíblemente estúpido y doloroso, y se daba cuenta de que había desperdiciado gran parte de su vida quejándose y empeñándose en una rebeldía inútil.
Esperaron un buen rato, pero Rube y el resto no aparecieron, y finalmente Mason pagó y salieron a dar un paseo. Al menos hacía buen tiempo, y eso hizo que George apartase un poco su mal humor.
- ¿No te gusta San Valentín? –se interesó Mason mientras caminaban por un parque- ¿O estás mal por otra cosa?
- Nunca he hecho nada especial este día –confesó ella- Digamos que éste es mi mejor San Valentín.
- Entonces hagamos algo especial, ¿no?
- Deberíamos esperar a Rube, por si…
Mason no la dejó terminar y tiró de su brazo, arrastrándola hacia el lago. Se sentaron un rato a mirar los patos mientras el chico le hablaba de su infancia, y después volvió a cogerla del brazo y salieron del parque. George se soltó de él tan pronto como pudo y le siguió sin saber qué decir. Cuando se le metía algo en la cabeza, Mason siempre lo conseguía, y de todas formas a ella no le importaba pasar el día con él y estaba segura de que lo pasaría bien.
Después de que comprase un ramo para ella en un puesto callejero y le invitase a un refresco, se sentaron en un banco a descansar. Mason era tan enérgico que resultaba agotador seguir su ritmo.
- ¿Y bien?
- ¿Y bien qué? –le miró George sin comprender- ¿Qué pasa?
- ¿Has cambiado de idea? –preguntó Mason- Respecto a San Valentín, quiero decir.
- Te agradezco los esfuerzos pero…
Otra vez interrumpió su frase, ahora para posar sus labios en los de ella y darle un beso que le supo aún más dulce que los gofres del desayuno. George protestó al principio, pero después se dejó llevar por la maestría de él y disfrutó de su cálido abrazo como si fuese la primera vez. Empezaba a cansarse de lo besos por sorpresa de Mason, de sus arrebatos impredecibles y de que cada vez le gustase más estar con él. Con Mason no había futuro posible, salvo esperar a sus besos robados.
- Estás loco –dijo cuando finalmente recobró la conciencia- No me gustan los juegos, ¿sabes? No soy una de tus amiguitas.
- No pretendía hacerte sentir así –se disculpó, evidentemente arrepentido- Jamás he pretendido que esto fuese un juego.
- Entonces, ¿qué pretendes?
- Me gustaría que apreciases lo que tenemos, George, porque me gustas.
La chica no supo que decir. Mason no solía hablar así, y no era un secreto que huía de todo lo que supusiese compromisos y seriedad, pero parecía sincero. Tuvo que reaccionar cuando él la cogió de la mano, esperando una respuesta.
- ¿Qué se supone que debo hacer? –dijo con tono enfadado- ¿Por qué no te conocí cuando estaba viva?
- Porque yo ya estaba muerto, George –sonrió, apretando su mano con más fuerza- Pero esta oportunidad que nos han dado es un regalo.
- Lo sé, Mason, y tú también me gustas, pero no estoy segura.
Esta vez esperó a que terminase de hablar para besarla de nuevo, con más dulzura y calma, deteniéndose dentro de su boca y sin dejar de abrazarla como si temiese que fuese a marcharse si la soltaba. George sintió que perdía la cabeza de nuevo, y se dejó llevar sin más. Jamás había tenido una relación, y de hecho Mason era el primer chico que la había besado y tratado como a una mujer. Entre sus brazos, tan cerca de él que podía sentir sus latidos, hasta la muerte parecía menos importante. Estaba sin respiración cuando se separaron de nuevo.
- Deja de besarme de una vez –pidió George, levantándose del banco- No puedo pensar con tu lengua en mi boca.
- Lo siento –rió Mason, acariciándole la mejilla- Nunca me he sentido tan vivo.
- Pues resulta que estás muerto.
- ¿Y porqué mi corazón late tan deprisa?
- Deja de decir estupideces, Mason –se puso aún más seria y echó a andar- Nos vemos luego.
Aunque trató de caminar rápido, el chico la alcanzó enseguida. No dijo nada, pero se situó frente a ella y la abrazó con todo su corazón. George no era capaz de resistirse, y pensó en salir corriendo, pero todo lo que había buscado lo tenía justo enfrente y se sentía tan bien que deseó por un segundo pasar todo el tiempo del mundo así, entre sus brazos.
- Tengo un problema, George –habló él sin dejar de abrazarla- ¿Te lo puedo contar?
- Claro.
- Creo que te quiero.
- Eso complica un poco las cosas –dijo George, apartándose finalmente- Supongo que no me dejas opción.
Mason la miró sin comprender, y finalmente su corazón volvió a latir a toda velocidad cuando George le besó. No iba a renunciar a todo lo que no había tenido en vida.
Fandom: Anatomía de Grey
Pareja: Derek/Meredith
Tema: 16. Insecto
Título: Picadura
Nota: Derek se despierta en una cama del hospital sin saber lo que ha pasado.
Se agitó nervioso, intentado levantarse, y solo cuando miró a un lado y vio a Meredith sonriendo se tranquilizó un poco. Estaba rodeado de aparatos.
- ¿Qué ha pasado?
- Te desmayaste en el bar de Joe –dijo la chica, acercándose a él- Creemos que te picó algún tipo de insecto.
- Ayer fuimos al parque –recordó él, cogiéndola de la mano- ¿No será nada grave?
- No, tranquilo. Richard tiene a todo el hospital investigando.
Volvió a tumbarse en la cama, sin soltar la mano de la chica. No llevaba la bata, por lo que dedujo que estaba allí como acompañante y no como médica. Le tranquilizaba tenerla allí, porque nunca había estado enfermo, y mirándola a los ojos sabía que si ella decía que no pasaba nada malo podía fiarse.
Richard apareció un rato después, con gesto relajado.
- Me alegra verte despierto –sonrió a Derek- El insecto que te picó fue una araña, pero no es nada grave.
- ¿No era venenosa?
- No, solo te provocó fiebre y mareos, pero te pondrán un antibiótico y mañana te irás a casa.
Meredith le dio las gracias al jefe, cerró la puerta de la habitación y se tumbó con Derek, abrazándole con fuerza.
- Te quiero –susurró, cerrando los ojos- Cuidaré de ti.
- Ya lo haces, Meredith
Fandom: Héroes
Pareja: Peter/Claire
Nota: Después de lo ocurrido en el capítulo 23, Peter retoma su vida como enfermero en Nueva York y Claire se marcha a vivir a California con su familia. Mantienen el contacto a través de Internet.
Aunque estuviese al otro lado del país, era un alivio poder ver a Claire con solo mirar a la pantalla del ordenador. La webcam le parecía en esos momentos el mejor invento del mundo.
- ¿Cómo estás? –se interesó en cuanto la vio aparecer- ¿Todo va bien?
- Estoy genial, Peter –respondió a través del micrófono- California me encanta.
- Nunca he estado allí.
- Puedes venir cuanto quieras, mi padre ya te lo dijo.
Las razones para ir estaban casi igualadas a las razones que tenía para no ir. Le apetecía ver a Claire, y ahora que Nathan había desaparecido y su madre no daba señales de vida, era la única familia que le quedaba. Pero después de lo que había pasado entre ellos, de los besos a escondidas y la química que les unía, no pensaba en ella como una sobrina.
- Tengo que dejarte –dijo un rato después, cuando Claire le había contado ya casi todo sobre su nueva vida- Cuídate.
- Espera, por favor.
- ¿Pasa algo?
- - Te echo de menos –suspiró con ojos llorosos- Necesito verte, y deberíamos hablar de lo que pasó.
Pronto tendría una semana libre, y el dinero le sobraba para pagarse el billete de avión. Le prometió a Claire que lo pensaría, y se despidieron finalmente.
Peter pensó mucho, y se decidió a comprar el billete un par de días después. Pasaría en California esos días de vacaciones, y Claire le había asegurado que a su padre le hacía mucha ilusión tenerle en casa, como invitado. Esperaba poder aclarar las cosas con la chica y terminar con esa especie de locura que tenían por relación. Había reunido todas sus fuerzas para resistirse a las ganas que tenía de estrecharla entre sus brazos cada vez que la veía.
Todos esos planes se vinieron abajo cuando aterrizó en California y la vio esperándole en el aeropuerto. Estaba más guapa que nunca con su precioso bronceado.
- ¿Has venido volando? –bromeó Claire un segundo antes de abrazarle- ¿Qué tal el viaje?
- Un poco largo –respondió, tratando de pensar con claridad- ¿Y tu padre?
- Espera fuera, vamos.
La chica se agarró a su brazo y le guió hasta el coche de su padre, que estrechó la mano de Peter, metió su equipaje en el maletero y se interesó por el chico de camino a casa. Era un adosado bastante grande, cerca de la playa y del nuevo instituto al que acudirían pronto Claire y Lyle. Cuando entró y saludó al chico y a la señora Bennett, se dio cuenta de que su marido y Claire ya les debían haber contado su historia.
- Es un placer conocerte –dijo la mujer, tendiéndole la mano- He oído hablar muy bien de ti.
- Seguro que han exagerado –sonrió mirando a Claire- Gracias por invitarme.
- No hay de qué, puedes venir cuando quieras.
Claire le acompañó a la habitación de invitados y se sentó en la cama mientras Peter deshacía la maleta. Ya estaban a finales de agosto, pero en esa parte del país aún hacía calor y se veía gente en la playa. Le hubiese gustado ir con Claire y bañarse juntos en el mar, pero confiaba en ser capaz de resistir tentaciones como esa. Evitó mirarla mientras colocaba su ropa en el armario, pero cuando terminó no tuvo más remedio que afrontar la realidad.
- Tenía ganas de verte –le dijo la chica- ¿Cómo va todo por Nueva York?
- Estoy contento con el nuevo trabajo –respondió, aludiendo al empleo del que ya le había hablado- Quería hablar contigo.
- Hablamos a diario, Peter.
Lo que en realidad la chica quería decir es que esperaba algo más que hablar, pero Peter era consciente de que estaban en casa de sus padres y, en todo caso, su relación debía ser la de tío y sobrina.
Todas sus ideas claras y su seguridad se esfumaron cuando Claire le besó brevemente, trayendo muchos recuerdos y sentimientos que había estado evitando. Cuando la chica se separó un segundo después, volvió a atraerla hacia sí y se olvidó de que eran familia. En ese momento, solo eran dos personas que se gustaban y querían estar juntas.
- Yo también te he echado de menos –reconoció Peter cuando se separaron de nuevo- Quería decirte… Vine para acabar con esto.
- ¿Cómo?
- No puedo vivir sin ti, Claire, lo he intentado pero no. Creo que, de momento, deberíamos mantenerlo en secreto.
- Lo sé –asintió ella, cogiéndole la mano- No me importa, solo quiero estar contigo.
Peter la abrazó, incapaz de decirle lo contrario. Le daba igual lo que la gente pudiese decir, y sabía que encontrarían mucha oposición, pero estaba dispuesto a luchar. Mirando a Claire, sabía que merecía la pena hacerlo.
Fandom: Anatomía de Grey
Pareja: Derek/Meredith
Tema: 15. Anillo
Título: Ojos verdes (por la canción de Coldplay)
Nota: Derek tiene las cosas muy claras: quiere pasar con Meredith toda su vida
Aunque Meredith no se da cuenta, Derek está nervioso. Le sudan las manos, no puede estarse quieto y se ha levantado tres veces de la cama para ir al baño. No puede dormir.
- ¿Te encuentras bien? –pregunta la chica a la cuarta- ¿Necesitas algo?
- No, no, estoy bien –se apresura a decir- Voy enseguida.
- De acuerdo.
Se mira en el espejo una vez más antes de regresar a la habitación, y se asegura de que tiene la caja en el bolsillo del pantalón. No es propio de él dudar y tener tantas inseguridades, y en cuanto vuelve a la cama y la ve sonreír con esos preciosos ojos verdes, se da cuenta de lo estúpido que resulta tener dudas. Es la persona a la que ha buscado toda su vida, la mujer a la que más quiere en el mundo, y pese a los nervios, está seguro de que quiere pasar todo el tiempo que le quede a su lado. Antes de meterse en la cama, se arrodilla delante de ella, y saca la pequeña cajita. La cara de Meredith le preocupa un poco, pero se lanza al vacío.
- Puede que te parezca pronto, ni siquiera sé si es esto lo que quieres –dice abriendo la caja- Te quiero, Meredith, y quiero pasar el resto de mi vida contigo.
- Derek… -suspira, cogiendo el anillo- Te quiero muchísimo, pero no estoy preparada.
- Lo suponía.
- Por favor, no te lo tomes a mal. Estoy enamorada, quiero estar contigo, pero creo que aún soy joven para casarme.
Sabía que respondería algo así, la conoce mejor de lo que ella imagina, pero a pesar de ello, quiere que tenga ese anillo, y la obliga a ponérselo. No le dice que perteneció a su abuela, que es el mayor tesoro de su familia ni que Addison jamás lo tuvo, pero se lo pone en un dedo, y sabe que no necesita casarse. No podría sentirse más unido a ella de lo que ya está, ni podría quererla más.
Fandom: Anatomía de Grey
Pareja: Derek/Meredith
Tema: 14. Licor
Nota: El regalo de un paciente a Derek le trae consecuencias inesperadas.
Cuando Derek llegó a casa, Meredith preparaba la cena y conversaba con Izzie y George, sentados en la cocina. Saludó a todos y besó a su novia en la mejilla.
- ¿Cómo ha ido el día?
- No ha estado mal –respondió él, sentándose junto a los otros- Solo un par de casos sencillos.
- ¿Y eso que es? –preguntó Meredith, señalando una botella que él había dejado sobre la mesa- ¿Un regalo?
- Sí, de un paciente. Es licor de café.
- Lo probé hace tiempo –intervino George- Y está muy bueno.
Después de la cena, abrieron la botella y comprobaron que era cierto. Un par de horas después, ya no quedaba ni gota de licor, y Derek era el único medianamente sobrio. Meredith apenas se tenía en pie, así que la subió en brazos hasta el dormitorio.
- Doctor Macizo –murmuró la chica, agarrada a su cuello- Eres muy guapo.
- Has bebido mucho –dijo con ternura, dejándola en la cama- Anda, duérmete.
- No quiero, me apetecen otras cosas.
- Eso sería abusar de ti, mejor cuando estés serena.
Procuró evitarlo, pero la chica no estaba dispuesta a rendirse y al final Derek se dejó llevar. En cuanto terminaron, Meredith se durmió plácidamente en sus brazos y él se dijo a sí mismo que tendría que conseguir pronto otra botella de licor de café.
Fandom: Harry Potter
Pareja: Remus/Sirius
Nota: Uno de los primeros años de los merodeadores en Hogwarts. Sirius aún no conoce el secreto de su amigo, pero comienza a sospechar.
Sabía que Sirius sospechaba algo, y temía que empezase a investigar. Era tozudo e inteligente, y seguro que acababa por averiguarlo. Era su mejor amigo, pero aún no estaba preparado para contarle su historia.
- Te estoy hablando, Remus –le dijo Sirius, sacándole de sus pensamientos- ¿Cómo llevas el examen?
- Genial –respondió, sirviéndose zumo de calabaza- ¿Y tú?
- Sabes que se me da mejor la práctica. Estás un poco raro, ¿no?
Negó con la cabeza, y siguió escuchando las historias de su amigo sobre la familia Black mientras terminaban el desayuno. Se marcharon a clase de transformaciones, y Remus se dio cuenta de que su amigo le observaba y analizaba detenidamente. Cuando volvían al comedor al final de la mañana, se atrevió a encararle en el pasillo.
- ¿Por qué me miras como si fuese un extraterrestre?
- ¿Por qué desapareces una vez al mes? –dijo con ironía y sin responder- ¿Por qué tienes tantos secretos?
- No es asunto tuyo –se puso rojo, y apartó su mirada- Déjame tranquilo y preocúpate de estudiar, o te expulsarán.
Era su forma de decirle que se preocupaba por él y no quería que le echasen del colegio, pero Sirius no soportaba que le dijesen lo que debía hacer. Remus se asustó al verle enfadado por primera vez, y más aún cuando le empujó dentro de un aula vacía.
- Vale ya, Lupin, no eres mi padre.
- Lo siento –se disculpó, temblando de miedo- Lo que quería decir…Eres mi único amigo.
En lugar de apartarse, Sirius se acercó más a él y le arrinconó contra la pared. Acarició sus heridas y arañazos más recientes, con una mezcla de curiosidad y preocupación, le puso una mano en el hombro y relajó su gesto. Sonrió antes de abrazarle.
- Perdona Remus – esta vez se disculpó él- Sabes que no soporto que me digan lo que tengo que hacer.
- Solo era un consejo –le explicó, y respiró aliviado-Ya sé que no te gustan las normas, tío duro.
Sirius volvió a golpearle el hombro, con gesto de complicidad, y regresaron al pasillo para ir a comer antes de las clases de la tarde. Remus sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarse a ello, pero se alegró de haber evitado más preguntas por el momento. La confianza que les unían no era de momento suficiente para que pudiese contarle todo lo que callaba.
Fandom: Anatomía de Grey
Pareja: Derek/Meredith
Tema: 10. Tequila
Título: El comienzo
Nota: El primer beso de Meredith y Derek, la noche que se conocieron en Joe’s.
Después de haberse acercado a ella y comenzar una conversación, lo demás no parecía tan difícil, a pesar de que la chica se mostraba evidentemente reacia.
- ¿Qué estás bebiendo? –le preguntó Derek- Te invito a otra copa.
- Tequila.
- ¿Cómo te llamas? Yo soy Derek.
- Meredith –respondió, dándole la mano- Gracias por la copa.
- De nada –sonrió, sentándose en un taburete a su lado- ¿Vienes mucho por aquí?
- Es la primera vez.
Evidentemente, no le gustaba mucho conversar. Respondió a todas sus preguntas con frases cortas y gesto desinteresado, pero tras un par de copas, acabó bajando un poco la guardia e incluso sonrió. Era preciosa, y empezaba a pensar que haberse acercado y resistido sus desplantes merecía la pena. Todo en Meredith parecía merecer la pena, y se sorprendió al descubrir que, por primera vez en mucho tiempo, le gustaba una mujer que no era Addison.
- Debería irme –dijo ella cuando ya empezaba a hacerse tarde- Ha sido un placer.
- Creo que es mejor que te acompañe –se ofreció Derek, pagando a toda prisa para seguirla- Has bebido mucho.
- Lo mismo que tú, en realidad. No hace falta que me acompañes, de verdad.
Tal vez fue la bebida, las luces tenues del bar o que le pareció que jamás había visto una mujer tan hermosa, pero antes de que Meredith se levantase, se lanzó a sus labios casi poseído. La besó con delicadeza, recuperando viejas sensaciones y perdiéndose en su sabor a tequila, cálido y atractivo. Ella respondió con su lengua, acercándose más a él hasta dejarle sin aliento. Cuando se separaron, Derek solo deseaba repetir.
- Está bien –sonrió Meredith con gesto alegre- Acompáñame si quieres.
- Por supuesto.
El tequila y el calor se mezclaban en su cabeza y solo era capaz de mirarla y desearla. Al día siguiente posiblemente no recordaría casi nada, pero seguía pensando que merecía la pena.
Fandom: Anatomía de Grey
Pareja: Derek/Meredith
Tema: 7.Celos
Título: No hay motivos
Nota: Finn, el veterinario ex novio de Meredith, acude al hospital con dolor de espalda. Su reaparición no sienta nada bien a Derek.
Derek ya esperaba delante del hospital cuando Meredith se reunió con él al final del turno. La besó con aire distraído, y ella se preocupó.
- ¿Estás bien?
- Ha sido un día extraño –dijo él a modo de respuesta- ¿Cómo está Finn?
- Le darán el alta mañana –respondió la chica- Le han dado calmantes, pero no es nada grave.
- Ya. Me alegro.
Meredith hizo una mueca de incredulidad. Sabía que Derek no se llevaba bien con Finn, era lógico, y lo había demostrado de sobra con su tono y gestos ese día, al verla preocupada por él y encargándose de su caso. Derek no solía demostrar celos, era una persona segura y con confianza en sí misma, pero solo unos meses atrás había estado a punto de perder a Meredith por ese hombre, y no podía olvidarlo.
- ¿Te molesta que me haya ocupado de él? –preguntó ella, al tiempo que se subía el cuello de la chaqueta- Tenía que hacerlo.
- Claro, era lo normal –asintió, protegiéndose también del frío- Pero no era necesario que estuvieses todo el rato con él, ¿no?
Celos. Meredith se rió, le cogió de la mano y le plantó un beso antes de que él pudiera decir nada. La miró y rió también. Era una estupidez estar celoso, sí.
Fandom: Anatomía de Grey
Pareja: Derek/Meredith
Tema: 6. Escape
Título: Mi razón para vivir
Nota: Después del 3x17, Meredith y Derek tienen mucho que decirse.
Le parecía increíble que, después de haberse recuperado milagrosamente, lo único que Derek podía hacer era repetir reproches y gritos que eran más de rabia que de enfado.
- No me dejas ayudarte, Meredith, y me estoy volviendo loco. No sé qué hacer.
- Lo que haces es estupendo –le sonrió, pero él se apartó con brusquedad- Ahora sé que fue un error, pero durante un momento, pensé que podría escapar sin más.
- Esa no es una forma madura de resolver problemas –dijo él- Escapar no habría servido para nada, salvo dejarnos mal a todos los que te queremos.
- Lo sé, ahora lo sé. Y lo siento, lo último que quiero es herirte.
Pero durante unos segundos, bajo el agua, aquella había parecido una idea razonable. Ella no era una persona que hablase de sus sentimientos o contase sus problemas a los demás para aliviarse, y dejarse caer le había parecido la única alternativa. Pero en esa especie de pesadilla con Denny, Doc y el resto, había comprendido que no era capaz de escapar sin más, y que el amor que sentía por Derek pesaba más que todo un pasado de viejas heridas.
- Te quiero, Derek –le miró con gesto serio- Puedo pedirte perdón las veces que sea necesarias, porque de verdad lo siento, y quiero que seas consciente de que no intentaré escapar. He estado a punto de morir, y he comprendido algunas cosas.
- ¿Por ejemplo?
- Fue un error que no se repetirá, eres lo único que necesito para seguir adelante.
- Recuérdalo cuando quieres escapar otra vez –dijo aún serio, pero evidentemente menos enfadado- Yo también te quiero.
Fandom: CSI
Pareja: Sara/Greg
Nota: Sin spoilers. Podéis situarlo en la temporada que queráis, pero yo lo he escrito pensando en algún momento de la 5ª.
Todos en el turno de noche eran conscientes de la química existente entre Greg y Sara. Los rumores sobre ellos circulaban y levantaban comentarios, pero jamás se confirmaba nada. Más allá de las miradas y complicidad, se comportaban de forma tan profesional como siempre y, si tenían alguna relación fuera del trabajo, no dejaban que influyese dentro.
Catherine sonrió, con cierto aire de madre orgullosa, al verles hablar junto a la sala de descanso. Le daba igual lo que hiciesen, pero se alegraba de que fuesen felices. Sobre todo por Sara, que había sufrido ya demasiado.
Grissom la sacó de sus pensamientos y la reunió, junto al resto, en su despacho. Sara y Greg permanecieron de pie al lado de la puerta y juntos, para alegría de Nick y Warrick, que murmuraron y rieron en voz baja.
- Chicos, hoy tenemos trabajo –comenzó el jefe- Warrick, te vas con Catherine a investigar una desaparición en un campus universitario. Tenéis que hablar con los amigos y profesores.
- De acuerdo Grissom –respondió Warrick, abriendo la puerta para dejar pasar a Catherine- Te llamamos en cuanto haya novedades.
- Genial. Nick, te quedas conmigo en un caso de posible suicidio.
- Bien –dijo el chico, saliendo hacia la sala- Te veo allí.
- Y vosotros… -comenzó, mirando sus papeles y después a Greg y Sara- Ha habido un atraco cerca de aquí, y todo está lleno de sangre pero no hay ningún cuerpo. Analizad todo, y llamadme cuando tengáis información.
Greg salió tras Sara, y caminaron hacia la escena que tenían que investigar. Era un supermercado pequeño pero, como Grissom había avisado, parecía el escenario de una carnicería. Greg tomó muestras de todo lo que se le ocurrió mientras Sara investigaba al dependiente, sin apartar la mirada de su compañero. Era una vieja costumbre que tenía que olvidar, porque Greg se estaba convirtiendo en un genial CSI y ya no necesitaba vigilancia. Ahora se llevaban mejor que nunca, y trabajando con él se encontraba muy a gusto. También solían salir a comer o a dar una vuelta si tenían tiempo, para olvidarse por un rato del trabajo.
- Ya tengo todo –anunció Greg, reuniéndose con ella- Podemos ir al laboratorio y dejarlo para que analicen.
- Genial, así comprobaré un par de cosas en el ordenador.
- Hubo un tiroteo, eso está claro. Y quien estuviese herido no pudo ir muy lejos.
- El dependiente dice que no vio nada –dijo Sara con cara de no creerlo- En una tienda tan pequeña, todo esto resulta muy raro.
Volvieron a la oficina y se pusieron a trabajar por separado hasta que, unas horas después, cuando cada uno hubo confirmado lo que había reunido, tomaron un café mientras comentaban sus ideas e hipótesis. Como siempre, todo el que pasaba junto a la sala les miraba, esperando una confirmación. Todos en el turno de noche eran conscientes de la química existente entre Greg y Sara, salvo Greg y Sara.
Fandom: Anatomía de Grey
Tema: 3. Reglas
Título: Hogar dulce hogar
Nota: Derek tiene que dejar la caravana, y solo hay un sitio en el que le apetezca vivir
- Está bien –se rinde Meredith, mirándole con ternura- Pero si te vas a quedar aquí, deberíamos poner unas normas.
- Como tú quieras.
- No cocines. Lo haces fatal, y dejas todo muy sucio.
- De acuerdo –acepta Derek, riendo- ¿Algo más?
- Nada de ordenar mis cosas ni quitarme sitio en el armario –añade la chica- Puedes utilizar mi baño, siempre que no dejes todo lleno de pelos. Ah, y una vez a la semana pones tú la lavadora, y planchas.
Derek vuelve a reír, y acepta con un gesto de su cabeza. Ninguna regla que Meredith pueda exigirle es suficiente para convencerle de que busque otra casa. Solo quiere estar donde esté ella, dormir cada noche a su lado y poder abrazarla siempre que le apetezca hacerlo. La caravana estaba bien, pero la casa, y sobre todo Meredith, es un verdadero hogar, y jamás se había alegrado tanto de estar en casa. La besa, y se tumba junto a ella mirando al techo y deseando que esta vez todo salga bien, y nada puede salir mal porque la quiera más de lo que nunca querido a nadie.
Fandom: Anatomía de Grey
Pareja: Derek/Meredith
Tema: 2. Lluvia
Título: Deja que la lluvia caiga
Nota: Con una media de tan sólo 55 días de sol al año, Seattle se presenta como una de las ciudades estadounidenses donde la niebla y los cielos nubosos tienen un especial protagonismo.
Desde la cama, Derek veía la silueta de Meredith junto a la ventana: su pelo brillante y sedoso, su cuerpo envuelto en un jersey azul de lana y sus pies descalzos. Escenas como aquella eran dignas de ser plasmadas por un buen pintor.
- Meredith, ven a la cama –rogó con voz aburrida- Está lloviendo, no tengo ganas de salir.
- Lo sé –respondió la chica, volviéndose hacia él- Pero es nuestro día libre, me apetecería hacer algo más que quedarme en casa viendo pasar las horas.
- Pensé que te gustaba estar aquí, tranquilos y sin tener que ir a trabajar.
- Y me gusta, pero estoy cansada del tiempo de Seattle. Podríamos hacer algo.
- ¿Y qué sugieres?
- Hay películas abajo –recordó la filmoteca de su madre- Busca algo interesante, yo prepararé palomitas.
Meredith pareció olvidarse de la lluvia y desapareció en unos segundos, mientras Derek aún se desperezaba. Izzie y Alex estaban trabajando, y era maravillosamente extraño tener la casa para ellos solos.
Puso la primera película que encontró, y Meredith se sentó a su lado, en el sofá, unos segundos después con las palomitas en las manos. Derek se dio cuenta de que la película no le interesaba lo más mínimo enseguida, y comenzó a besar a su chica despacio.
- Creí que íbamos a ver la película –apuntó ella, soltando las palomitas.
- No me interesa lo más mínimo –sonrió él, tumbándola con suavidad en el sofá- Ya te dije que estaríamos mejor en la cama.
Meredith asiente, y se deja convencer con un par de besos más. Le da la mano, y suben las escaleras dejando las palomitas y la película para otro momento. La lluvia a veces da ocasión de hacer cosas mejores.
Fandom: Anatomía de Grey
Pareja: Derek/Meredith
Título: Volver a empezar
Notas: Cuando Derek descubre que Addison le ha engañado, solo es capaz de salir corriendo. Es un fic previo a lo que relata la serie.
Derek embarcó en el avión aún confuso y aturdido, sin estar seguro de lo que se disponía a hacer. No era solo que dejase Nueva York y a Addison, le parecía que estaba dando un giro radical a toda su vida. Quizá le vendría bien, y desde luego necesitaba un cambio. No era capaz de asumir que su mujer le había engañado con su mejor amigo, y solo sabía que quería tenerles lejos. La oferta de Richard Weber, el director del Seattle Grace, se había convertido entonces en su gran tentación y única posibilidad de escapar, y ahora estaba volando con destino a una nueva vida.
En Seattle llovía cuando aterrizó, y, con las maletas en el taxi, fue derecho a visitar a Richard. Todo había sido tan repentino que no tenía casa ni sitio donde quedarse. La secretaria le acompañó al despacho del director, y le sirvió un café mientras esperaba.
- Me alegro de verte –le estrechó la mano su viejo amigo, unos minutos después- Será un placer contar contigo en este hospital.
- Gracias Richard –le sonrió- Tu oferta me halagó mucho.
- Bien, siéntate y firmaremos el contrato.
Pasaron buena parte de la mañana rellenando impresos y firmando papeles, y Derek sintió que aquello ya no tenía marcha atrás. Estaba en Seattle, Addison en Nueva York, y las cosas empezaban a tener algo de sentido tras unos días demasiado caóticos.
- Oye Derek, siento lo vuestro –dijo Richard cuando ya se despedían- Si necesitas hablar, sabes dónde estoy.
- Te lo agradezco, pero lo que necesito es una casa.
- Unos amigos venden un terrero, con buenas vistas y buen precio. Podrías construirte algo, si te gusta.
- Lo pensaré –respondió cogiendo la tarjeta que su amigo le tendió- Nos vemos en unos días, gracias por todo.
Tenía una semana para buscar piso, asentarse y acostumbrarse a Seattle. Comenzaría el mismo día que los nuevos internos, y en cierto modo era un alivio saber que no sería el único nuevo en aquel caos que parecía el Seattle Grace.
Visitó pisos, casas y apartamentos durante un par de días, pero se enamoró del terreno de los amigos de Richard. Era solo un trozo de tierra, pero las vistas de la ciudad desde allí le encantaron. Podría construir algo y, mientras tanto, le aconsejaron alquilar una caravana. Eligió una no muy grande, pero confortable y suficiente para él. Realmente, aquello estaba siendo un cambio total.
Unos días después, cuando la caravana y sus cosas ya estaban en orden, salió a pasear por la ciudad. Disfrutó mirando los ferries, que parecían ciudades flotantes y le recordaron un viaje en barco que había hecho con sus padres de pequeño.
La tarde era agradable y tranquila y, aunque se suponía que debía haber ido a un encuentro en el hospital, Richard le había justificado y comprendido. Estaba mostrándose como un auténtico amigo, y le había llamado varias veces en esos días para asegurarse de que estaba bien y podría empezar a trabajar sin problemas.
Derek entró en el primer bar que encontró, y se sentó junto a la barra con un whisky con hielo en la mano. Llevaba tanto tiempo sin beber que el primer tragó le quemó en la garganta, pero con el segundo se sintió mejor. Estaba ensimismado, y tardó en darse cuenta de que, a solo unos metros, una preciosa chica de cabello castaña y ojos que parecían estrellas bebía a solas. Pensó un segundo en Addison y todos esos años junto a ella, pero aquello ya era parte del pasado y, en cualquier caso, una chica en un bar no significaba que fuese a casarse o enamorarse de nuevo. En cierto modo, era un reto para demostrarse a sí mismo que podía olvidar a Addison y volver a coquetear como cuando tenía 20 años. Se armó de valor, y se acercó a ella con una sonrisa y un pequeño nudo en el estómago que se relajó en cuanto estuvo más cerca. Realmente, era preciosa.
TÍTULO: A quién le importa
FANDOM: Héroes
PAREJA: Peter/Mohinder
RATING: Todos los públicos
NOTA: Tenía que escribir algo para celebrar el día del orgullo gay, y esta pareja da para mucho y me encanta escribir sobre ellos, así que aquí está.
Mientras preparaba un caldo, pensó en lo irónico que era que fuese él quien cuidase de Peter, el enfermero y alma caritativa, siempre pendiente de todo el mundo. Y rió mirándole a través de la puerta de la cocina, tumbado en el sofá y actuando como si fuese a morirse por un simple constipado. Era el peor enfermo al que había tenido que aguantar nunca, pero no iba a dejarle solo, aunque eso le costase un contagio. Tenía muchas cosas que agradecerle, y cuidarle era una buena forma de hacerlo.
- Mohinder por favor, tráeme ya ese caldo –rogó con voz ronca- Estoy helado.
- Enseguida está, ten paciencia –respondió con toda la amabilidad que pudo- Te llevaré otra manta.
- Genial. Y deja de pensar estupideces, o me estallará la cabeza.
- ¿Qué quieres decir?
- Supongo que cierto poder contribuye a mi dolor de cabeza –le explicó, moviéndose bajo las mantas- Y no tienes nada que agradecerme.
No era cierto, había miles de cosas que tenía que decirle, y lo iría haciendo poco a poco. Tal vez para Peter era fácil, al menos eso parecía, pero Mohinder aún se sentía raro a veces, al besarle o darse cuenta de que eran una pareja. Una pareja enamorada, debía añadir. En su país, todo aquello le hubiese creado muchas críticas y enemistades, pero en Estados Unidos, en Nueva York, a nadie parecía importarle que paseasen cogidos de la mano por Central Park. Todos esos momentos de felicidad era lo que tenía que agradecerle, porque le parecía que llevaba siglos sin sentirse ni la mitad de contento.
Terminó el caldo, lo sirvió asegurándose de que estuviese bien caliente, y se lo acercó a Peter mientras le arropaba con otra manta. Le tocó la frente con ternura, se aseguró de que no tenía fiebre, y le apartó el flequillo para darle un beso. Casi le apetecía darle el caldo, era como un niño pequeño al cuidar resultaba al mismo tiempo insoportable y reconfortante. Se quejaba continuamente, pero no dejaba de mirarle con ese brillo en los ojos que siempre hacía que su corazón latiese con rapidez.
- Está bueno –reconoció Peter, dejando el tazón ya vacío- Podrías estudiar enfermería, se te da bien.
- No tanto como a ti –le sonrió, besándole de nuevo la frente- Deberías irte a la cama, estás helado.
- En realidad… Hay formas mejores de entrar en calor, podrías esforzarte un poco más.
Bajó sus labios hasta su boca y después más allá de las mantas, que pronto Peter apartó. Lo que su madre o Nathan hubiesen dicho no le importaba lo más mínimo, porque Mohinder ahora era lo que más quería en el mundo y no pensaba ocultarlo.
TÍTULO: Labios de ángel
FANDOM: Veronica Mars
PAREJA: Veronica/Logan
RATING: Todos los públicos
NOTAS: Después de besar a Veronica por primera vez (capítulo 1x18), Logan piensa en ella y en lo que ha pasado.
Logan caminó mucho rato sin rumbo fijo, confuso y sin saber bien qué hacer. Hacía unos minutos, había besado a la ex novia de su mejor amigo, que además había sido también la mejor amiga de su novia. Era demasiado extraño incluso en Neptune, pero le había encantado.
Veronica tenía un sabor dulce, como a chicle de fresa, y su olor tampoco se quedaba atrás. Por más que intentase dárselas de dura y esconderse bajo el disfraz de detective, hacía mucho tiempo que Logan había conocido a la verdadera Veronica Mars, la que se derretía en brazos de Duncan y reía sin parar las bromas de Lilly. Esa Veronica seguía existiendo, el beso lo había aclarado todo.
No se arrepentía de haberla besado, pero era consciente de que Duncan aún sentía algo por ella y no quería perder su amistad. Soltó una carcajada, porque no podía dejar de parecerle ridículo estar perdiendo toda su seguridad por un simple beso a una chica que conocía hacía años y que jamás le había interesado.
Tal vez jamás le había interesado porque era la novia de Duncan y él salía con Lilly, pero las cosas habían cambiado, y mucho. Al estrecharla entre sus brazos, había sentido no haberse dado cuenta mucho antes de que Veronica era perfecta, y tenía unos labios de fresa. Pero ahora, pensándolo en frío, resultaba una locura.
No iba a dejar que su vida se complicase más, y tampoco era justo complicársela a Veronica. Olvidaría aquello, y actuaría como si nada hubiese pasado. Hablaría con ella en cuanto pudiese, siempre que sus piernas dejasen de temblar y fuese capaz de pronunciar más de dos palabras sin lanzarse a ella como un perro en celo.
TÍTULO: Don’t let me down
FANDOM: Brokeback Mountain
PAREJA: Jack/Ennis
RATING: Todos los públicos
NOTAS: Miles de veces me he imaginado a Jack diciéndole a Ennis todo lo que dice esta canción, así que tenía que escribir un fic con este nombre.
Por mucho que se repitiese mentalmente que aquello no podía ser y que en poco tiempo Ennis sería un hombre casado, Jack Twist no podía dejar de mirarle mientras pescaba. Cuando volviesen a su vida real, lejos de las montañas y el ganado, aquello le parecería solo un hermoso sueño y tendría que conformarse con eso.
Ennis aún se resistía a hablar de lo que estaba pasando, y actuaba como si solo fuese un juego, o algo que nunca más iba a pasar. Jack lo comprendía, no era fácil. Tampoco para él, pero había cosas por las que merecía la pena renunciar a sus principios y sus ideas. Estaba convencido de que Ennis la merecía.
- Jack, espabila –gritó el chico, sacándole de sus pensamientos- Ya he pescado, podemos comer algo.
- Perdona, estaba pensando en otras cosas –respondió Jack, mirándole con una sonrisa- Como sigamos comiendo peces, nos saldrá un río en la barriga.
- Ya queda poco, tranquilo. Te recuerdo que el jefe nos ha dicho que bajemos.
- Sí, lo sé.
No deseaba irse, hubiese matado por un par de días más allí, con Ennis, pero tenían que volver. Todo tenía que volver a la normalidad.
Mientras cocinaba lo que él había pescado, se dio cuenta de que siempre recordaría Brokeback Mountain. Cuando muriese, le gustaría que esparciesen allí sus cenizas, y también las de Ennis al llegar su hora. Rió al comprender que estaba pensando como un idiota enamorado, y aquello no tenía ningún sentido porque Ennis había dejado bien claro que se casaría y seguiría adelante con su vida.
Cenaron en silencio, junto al fuego y sentados muy cerca, como si algo en su inconsciente les obligase a disfrutar del poco tiempo que les quedaba. A Jack le gustaba sentir su presencia, y casi era capaz de escuchar sus pensamientos en el profundo silencio que reinaba en las montañas. Ennis estaba confuso, pero le quería a su manera. Ambos lo sabían, sin necesidad de palabras ni confirmaciones.
Fue después, gracias al whisky y la protección de la noche, cuando se les hizo más fácil hablar y sentirse cómodos. Siempre ocurría de forma automática, era su momento. Ennis parecía feliz, cosa extraña, y se sentó con su cabeza apoyada en una de las rodillas de Jack.
- Quiero decirte una cosa –comenzó Jack- Sé que no puedo pedirte nada, que tú volverás a tu vida, te casarás y serás feliz. Pero necesito saber que te acordarás de estos días.
- Sabes que no me gusta hablar de esto –le recordó con gesto serio- Joder, Jack, tenías que estropear el momento con tus tonterías.
- Quizá para ti sean tonterías, pero lo quieras o no esto ha pasado. A mí me importa, Ennis, me importas.
- Y tú a mí, mierda, y no quería que pasase pero así ha sido. Y sí, lo recordaré toda mi vida. Brokeback siempre me traerá recuerdos felices.
- Gracias –sonrió, acariciando su pelo- Sabía que no me fallarías.
Por fin había logrado sacarle una confesión. No la necesitaba, pero tampoco estaba de más. En un futuro, miraría a la luna pensando en él, y sabría que quizá, muy lejos, Ennis estaría haciendo lo mismo. Ahora, solo podía disfrutar al máximo el tiempo que les quedaba.
FANDOM: CSI
PAREJA: Grissom/Sara
NOTAS: Al final de la quinta temporada, el incidente de Nick hace que todos sus compañeros se replanteen las cosas y valoren lo que tienen y, sobre todo, lo que quieren.
Había sido un día duro, pero finalmente todo estaba bien. Nick estaba bien y, a fin de cuentas, eso era lo importante.
Sara Sidle se lavó la cara, cogió sus cosas de la taquilla, y terminó su turno sabiendo que las cosas habían cambiado. Todos estaban afectados pero, aunque Catherine y Warrick no se separaban de Nick en el hospital, vio a Grissom en la mesa de su despacho, trabajando hasta tarde. Era un animal de costumbres.
- Me marcho ya –le dijo la chica, desde la puerta de su despacho- Mañana nos vemos.
- ¿Estás bien, Sara? –se interesó, apartando la vista de sus papeles- Lo de Nick nos ha impresionado a todos.
- A veces tiene que ocurrir cosas como ésta para que los demás aprendamos a valorar nuestras vidas y reaccionemos.
- Supongo que sí.
Sara se sentó frente a su jefe y, después de un rato, él siguió repasando sus papeles y ella le observó en silencio. Siempre le habían dicho que era una persona fría y segura, pero ante él, se sentía completamente desarmada. Era una locura y estaba perdiendo el tiempo pensando que alguna vez pasaría algo.
Se acordó de Nick, que había estado a punto de morir sin cumplir la mayoría de sus metas en la vida. Y entonces, comprendió que las cosas no eran tan complicadas. Se puso de pie de nuevo, se acercó a la silla de Grissom y, sin decir nada, le estampó un beso en los labios. Rápido, sin dejarle reaccionar y grabándolo en su memoria porque algo le decía que podría no suceder nunca más.
Se apartó unos segundos después, mirando la cara de Grissom. No era disgusto ni enfado, sino más bien sorpresa y comprensión.
- Perdona, me he dejado llevar –se disculpó, volviendo a su silla- Creo que debería irme.
- No te preocupes, Sara, todo está bien –aseguró él, con expresión casi divertida- Tú lo has dicho, la gente reacciona así ante situaciones como ésta.
La chica no respondió, y se marchó sin saber qué pensar. No volvería a suceder, lo tenía claro, pero, si moría al día siguiente, no lo haría con las ganas de besar a Grissom. Una tarea pendiente menos.
TÍTULO: Canela
FANDOM: Héroes
PAREJA: Peter/Mohinder
NOTAS: Post capítulo 23. Nathan ha muerto y Peter, de vuelta en Nueva York, se siente perdido y desconsolado sin su hermano mayor.
Su apartamento ya no era suficiente para ayudarle a sentirse seguro y protegido. No, esa función siempre había sido la de Nathan. Había muerto para salvarle a él y al resto de la ciudad, y estaba realmente orgulloso, pero también cabreado porque ya le tendría a su lado nunca más.
Encima, Mohinder estaba en su salón, y no sabía porqué. Todos estaban preocupados por él, lo agradecía, pero no necesitaba visitas que le controlasen y la mayoría del tiempo le apetecía estar solo, en una de las dos variantes que últimamente adoptaba: llorando o tirando cosas contra las paredes. La rabia y el dolor se mezclaban con demasiada facilidad.
- ¿Te ayudo con el té? –Mohinder asomó la cabeza- No creía que fueses tan inútil.
- Gracias, muy amable por tu parte –respondió con ironía, sirviendo dos tazas de té- Ya está.
- Ah, bien.
- Mohinder, no hace falta que te quedes. Quiero decir, estaré bien.
No estaba bien, era evidente. Seguramente, no había comido ni dormido en esos dos días, y tenía un aspecto lamentable. Necesitaba alguien que cuidase de él como Nathan había hecho durante todos esos años.
- Peter, a mí no hace falta que me mientas. Vengo a visitarte porque quiero, pero un poco de colaboración por tu parte no estaría mal.
- Te aseguro que estoy bien.
- ¿Te has mirado al espejo? –sonrió, señalando uno cercano- Estás mal, tienes ojeras y no hablas con nadie. Deberías hacerlo, te vendría bien.
Mohinder y su discursito, otra vez. Estaba cansado, debía haberlo escuchado al menos cien veces en las últimas 48 horas y, en cualquier caso, le daba igual, pero agradecía la compañía. En especial, porque el lado protector y paternal de Mohinder le recordaba a Nathan, solo que cuando estaba cerca de él experimentaba sensaciones extrañas que no recordaba con su hermano.
El olor de Mohinder le recordaba a los bollos de canela y pasas que la sirvienta preparaba cuando era pequeño. Y presumiblemente, era igual de dulce. Todo era tan confuso que, mientras Mohinder soltaba su discurso, leyó en su mente y actuó.
Se posó un fugaz segundo en sus labios, calientes y, como había adivinado, con un toque a canela. Cuando se apartó, enrojeció súbitamente, pero la expresión del otro le tranquilizó.
- Vamos, te invito a comer –sugirió, sonriente- Te vendrá bien salir un rato.
FANDOM: Tan muertos como yo
PAREJA: George/Mason
RATING: Todos los públicos
NOTAS: No hay spoilers importantes. Todo sucede el día del cumpleaños de George, aunque los otros no saben que lo es.
Sentada delante del desayuno, junto a Daisy y Rube, George sentía que había perdido todas las batallas. Había perdido todo y además era una especie de ayudante de la muerte. Su vida, si así podía llamarlo, era una mierda. Que fuese su cumpleaños no contribuía precisamente a animarla, más bien lo agravaba. 19 años de repente, y ningún pastel ni regalos la esperaban. No había dicho nada a nadie, bastante duro era ya.
- Bueno, creo que me iré –se levantó de la mesa cogiendo el post it con su tarea- Nos vemos a mediodía, supongo.
- Espera George, hoy Mason irá contigo –dijo Rube con su tono siempre paternal- Vas a un barrio peligroso, prefiero que te acompañe.
- Tampoco es como si fuesen a matarme…
- No, es cierto. Pero de todas formas, prefiero que vayas con él.
Pidió otro zumo esperando a que el chico llegase. La puntualidad no era su fuerte, así que cuando finalmente apareció, George tiró de él y se fueron. Quería terminar cuanto antes y tener el resto del día libre, para caminar y pensar, o simplemente visitar a su familia en la distancia, como hacía cuando nadie podía verla.
Rube tenía razón: el barrio al que Mason la condujo tenía mala pinta. Jóvenes con pinta de estar drogados y chicas de la calle eran el paisaje habitual y, a pesar de su juventud, a George no le impresionaba. Había tenido que hacer muchas cosas en ese empleo extraño, y había visto más que la mayoría de gente de su edad. Repasó el post it, y caminó con paso firme hacia el quiosco que periódicos cercano, seguida de Mason. Parecía distraído, pero hoy la chica no estaba preparada para preguntarle y escuchar sus problemas.
- ¿Va a ser aquí? –preguntó su amigo, con aire ausente- Posiblemente un disparo por ajuste de cuentas…
- No. Ataque al corazón mientras compra el periódico.
- Por eso yo jamás lo compraba.
- En la vida hay miles de cosas mejores que hacer –reconoció la chica con tono triste- Debí darme cuenta cuando aún estaba viva, supongo.
- ¿Qué te pasa, preciosa?
- Oh, nada. Solo estoy muerta, he perdido a mi familia y un prometedor futuro, nunca me han querido…
- Tonterías –repuso, bastante convencido- Tu familia te quiere. Yo te quiero.
- No me refería a eso.
Con un gesto evidente, George paró la conversación. Mason siempre intentaba animarla, era cierto, pero no tenía ganas de escuchar su discurso optimista, porque nada podría parecerle bien hoy. Si no fuese porque ya estaba muerta, quizá hubiese pensado en suicidarse.
Un par de minutos después, vieron la persona que esperaban: Robert McCarthy. Tenía unos 30 años y parecía una persona sana, fuerte y deportista. Otro infeliz al que arrebatar todo y después tratar de reclutar. Todo aquello era una estupidez sin sentido que solo ponía a George de peor humor.
Vieron a Robert acercarse al quiosco, comprar una revista y, de repente, caer al suelo fulminado. Cuando las ambulancias llegaron, un par de minutos después, él ya estaba lejos de allí con George y Mason tratando de darle una explicación.
- Mira, sé que te parecerá raro, pero tienes que irte con mi amiga –le sonrió Mason, intentando ser amable- Ella te dirá lo que va a pasar ahora.
- No te preocupes Robert, no te dolerá –comentó la chica, tratando de ser útil- Tendrás ayuda, hay mucha gente como nosotros.
- Sí, pero nadie como George. Te prometo que ella es la mejor, te tratará bien.
Robert permaneció en silencio, pero asintió con la cabeza y caminó tras la chica. Después de dejarle donde debía, bien acompañado aunque aún sorprendido y asustado, George paseó hasta su antigua casa. Se suponía que no debía ir allí, pero no le hacía mal a nadie, y aquel día todo era demasiado raro como para evitarlo.
Reggie, su hermana pequeña, estaba sentada en el porche, con gesto triste y enfadado. Estaban muy unidas, y aún no había superado lo ocurrido. Ni siquiera ella misma lo había superado del todo, y a veces pensaba en lo injusto que había sido. En ocasiones, envidiaba a Daisy porque había estado con muchos chicos. El primer beso y el primer amor eran desconocidos para ella, y mientras pensaba en ello, no pudo contener más el llanto. Todo lo que sabía era que había desperdiciado su vida y ya no había remedio.
- George, no deberías estar aquí –la voz de Mason le sobresaltó- ¿Te encuentras bien?
- Hoy es mi cumpleaños –explicó, secándose las lágrimas- Mejor dicho, lo hubiese sido.
- ¡Felicidades!
- Creo que no hay nada que celebrar, Mason. Jamás amé ni fui amada, como Daisy, ni experimenté, como tú.
- Yo fui un imbécil –dijo refiriéndose al alcohol y las drogas- Y estoy seguro de que muchos chicos estaban locos por ti.
- ¿Sabes una cosa? Nunca me han dado un beso.
De repente, por fin, el beso. No lo que hubiese esperado, en cualquier caso, pero fue su primer beso. Mason posiblemente solo lo había hecho para animarla, y lo había conseguido, al menos un poco. No imaginaba que fuese así y, sin embargo, le encantó. Quizá porque era Mason quien se lo había dado, y era justo el tipo de persona al que ojala hubiese conocido en vida. Un beso breve pero cálido. Un genial regalo de cumpleaños.
Tardó unos segundos en comprender lo que había pasado y, al mirar al chico, le vio sonriente. Esa alegría que le desbordaba no había desaparecido, y en absoluto parecía arrepentido o avergonzado. La cogió de la mano, y tiró de ella.
- Vamos, George, te invito a un helado.
- No, no –pensó que no quería perder el sabor de sus labios- No me apetece.
- Tienes que animarte –aconsejó, acariciando con ternura su pelo- ¿Has visto como un beso no es para tanto?
En realidad no, le había parecido maravilloso. Mason debía haber besado a muchas otras, pero a George solo le importaba ese beso que acababa de darle a ella. Mason, maldito Mason. Ahora no podría borrárselo de la cabeza, y sabía que no podía ser. Daisy sentía algo por el chico, y creía que también él por ella.
- Venga, comerás helado aunque no quieras.
- Está bien –se rindió, y caminó sin soltarse de su mano- Gracias.
- De nada. Sé que tras esos ojos tristes tienes muchas cosas buenas, aunque no quieras enseñarlas.
Empezaba a llover, pero George se sintió mejor. Cumplir años no estaba tan mal.
FANDOM: Hospital Central
PAREJA: Raúl/Esther
RATING: Todos los públicos
NOTAS: Temporada 13. Esther embarazada, Maca celosa y Raúl hecho polvo por la muerte de su hermana, entre otras cosas.
Después de haber sacado a un niño de un coche tras un accidente y pasar el resto del turno pendiente de él, Raúl no podía decir que hubiese sido el mejor día de su vida. Por suerte, el niño había sobrevivido. Casi todo en la vida tenía solución.
Casi todo, pero no todo. Su hermana estaba muerta, igual que su marido. Ahora él era el responsable de su sobrino, y no sabía cómo tenía que hacer las cosas. No quería fallarle, había sufrido demasiado y ahora tenía que procurarle un futuro mejor.
Echaba de menos a su hermana, aunque evitaba pararse a pensar en ello. No es que quisiera hacerse el duro, pero necesitaba superarlo y seguir adelante. Nada ni nadie esperaría por él, y había cometido ya demasiados errores como para permitirse el lujo de tomarse un tiempo antes de seguir con su vida.
Se cruzó con Esther de camino al cuarto del Samur. Ahí estaba uno de sus errores, y a pesar de ello, sonrió al verla.
- ¿Qué tal el día?
- Bien, un poco cansada –reconoció la enfermera- Solo me quedan dos horas.
- Estás embarazada, tómatelo con calma –le aconsejó con tono protector- Me iba ya, pero si quieres te espero.
- No, gracias. Maca sale a la misma hora, nos vamos juntas.
- Como quieras, mañana nos vemos.
Se marchó justo después de que ella acariciase su brazo. Era solo una muestra de cariño, se repitió mientras se quitaba el uniforme. Esther era feliz con Maca, y el bebé que esperaba formaría parte de esa familia. Era estúpido haberse rendido, debía haber luchado por ella cuando estuvo a tiempo, pero ya era tarde.
Lito ya estaba en casa, haciendo los deberes con la niñera, cuando Raúl regresó.
- Hola tío –le abrazó, cariñoso como siempre- ¿Cómo te ha ido el día?
- Bueno, los he tenido mejores.
- ¿Has estado a Esther? Hace mucho que no me llevas a verla.
- Sí, he estado con ella. Si te portas bien, mañana le hacemos una visita.
El niño terminó todos los deberes, se comió la cena sin protestar y se acostó pronto. Al darle el beso de buenas noches, le recordó a su tío su promesa. Quería mucho a Esther, y no se atrevió a negarle lo que le había prometido. Además, la chica siempre se mostraba encantada cuando le llevaba de visita, y seguro que esta vez no sería diferente.
Tenía el día libre en el hospital, así que pasó a buscar a Lito al colegio, y le llevó al Central, como había prometido. Saludó a Teresa, a sus compañeros del Samur, y entró después a buscar a Esther. Estaba hablando con Maca cuando llegaron, le hizo una seña para que esperase, y cuando terminó se acercó a donde estaban.
- Hola guapísimo –saludó, abrazando al niño- ¿Qué haces aquí?
- Tenía ganas de verte –respondió Lito, sonriente- Mi tío me prometió que me traería.
- ¿Tienes algún problema? –se interesó Raúl, refiriéndose a su conversación con Maca- Si estás ocupada, nos vamos.
- No, tranquilo, solo era una pequeña discusión. Vamos, os invito a merendar.
Se sentaron en la cafetería, ante tres zumos y galletas, y mientras el niño contaba cómo le iba en el colegio, Raúl se quedó mirando a Esther, pensativo. Tenía claro que la chica quería a Maca, que era feliz con ella y que criarían juntas al hijo que esperaba, pero el saberlo no evitaba que le doliese. Unos meses atrás, en el fondo, había esperado y deseado que lo suyo saliera adelante. Ahora estaba seguro de que no, y sin embargo, lo que sentía no dejaba de estar en su corazón. Cerca de Esther, olvidaba que había perdido a su hermana, que su cuñado se había suicidado y que su vida era un desastre. Ella, con su sonrisa, le hacía creer, de verdad, que todo saldría bien. Pero cuando la veía con Maca, sabía que jamás podría ser perfecto, y sin embargo, se alegraba porque sabía que ella era feliz.
Mientras hablaban, Héctor se acercó a saludar a Lito, y se ofreció a darle un paseo por el hospital porque tenía un rato de descanso. Raúl siguió en silencio, y Esther se dio cuenta de que estaba mal.
- Raúl, no puedes seguir así –dijo, acariciando su cara- Tienes que animarte, aunque sea por Lito.
- Estoy bien. A ratos, al menos.
- Todos tenemos problemas, pero hay que ser fuertes.
- ¿Qué pasa con Maca? –pareció adivinar sus pensamientos- ¿Estáis mal otra vez?
- No, no, me trata genial –se apresuró a decir- Pero nunca va a olvidar lo que pasó contigo, por mucho que le diga que fue solo un error.
- Ya…
- Es una cabezota, se empeña en ver lo que no existe.
- ¿Sabes una cosa, Esther? –interrumpió el chico, con gesto enfadado- Maca tiene razón, tiene motivos para estar celosa. Tú me importas de verdad.
Se levantó de la mesa, sin esperar la reacción de la chica, y fue a buscar a su sobrino para irse a casa. No tenía que haberle dicho nada, pero estaba cansado de ocultarlo y de que le hiciesen creer que era algo malo. Todo el mundo tiene un amor imposible alguna vez en su vida, y él ya había asumido que Esther era y sería el suyo. No le gustaba tener que ocultar algo de lo que no se avergonzaba. Lo único que no quería era causar problemas a Esther, porque sabía de sobra lo celosa y posesiva que su mujer podía llegar a ser.
Lito fue saltando y cantando de camino a casa, contento por haber visto de nuevo a la enfermera. Era demasiado pequeño para darse cuenta de que su tío parecía al borde de un ataque de nervios o del llanto histérico, y siguió hablando sin parar de Esther durante toda la cena.
- ¡Para ya! –gritó, asustando al niño- Perdona Lito, me duele la cabeza.
- Lo siento tío –dijo, terminando su cena- ¿Esther y esa doctora son novias?
- Sí, ya lo sabes. Tienen un hijo, y van a tener otro.
- Pero… Yo pensaba que solo podían tener hijos un chico y una chica.
- Tú sabes demasiado –sonrió, alborotándole el pelo- Venga, termina y a dormir.
- Tío, ¿tú no quieres a Esther?
- Te voy a decir un secreto, Lito: uno no siempre puede tener lo que quiere.
Lo dijo más para sí mismo que para él niño, que se marchó a lavarse los dientes, intrigado con la respuesta. Para él, aquello era mucho más fácil, y si dos personas se gustaban, tenían que estar juntas. No comprendía que Esther prefiriese a esa doctora tan borde que apenas le saludaba cuando iba al hospital antes que a su tío.
Raúl se acostó aquella noche deseando no haber dicho nada a Esther. Había sido un error, y aunque la quería, sabía que no podía ser y deseaba ante todo conservar su amistad. Tendría que disculparse al día siguiente, y esperar que la chica fuese tan comprensiva como solía.
Después de dormir ocho horas, se levantó más animado e incluso preparó huevos revueltos para desayunar. Después de dejar a Lito en el colegio, fue al hospital, y esperó que no tuviesen mucho trabajo. Hablaba con Mónica relajadamente en la sala del Samur cuando Esther entró a buscarle. Le preguntó si podían hablar, y fueron a tomar un café.
- Yo también quería hablar contigo –reconoció Raúl- Siento lo de ayer, sé que no tengo derecho a meterme en tu vida privada.
- Verás, yo he intentado llevar esto con naturalidad, pero no puedo.
- Podemos seguir siendo amigos, no te he pedido nada.
- No es por ti, Raúl –le dijo, poniendo su mano sobre la del chico- Es por mí, y sobre todo por Maca. La quiero muchísimo.
- ¿Intentas decirme algo?
- No puedo seguir siendo tu amiga. Lo siento mucho, pero creo que es lo mejor para todos.
Sintió deseos de echarse a llorar, de tirar con rabia todo lo que tenía delante. Pero nada borraría ya lo que Esther acababa de decirle y él había temido durante mucho tiempo. Sí, era lo mejor, pero no sería nada fácil. En menos de un mes, había perdido su vida y de lo que le importaba y quería solo quedaba un niño, Lito, en el que iba a volcar todo lo bueno que quedaba dentro de él y nadie había destrozado aún.
TÍTULO: Esperaría un millón de años
FANDOM: Anatomía de Grey
PAREJA: Meredith/Derek
RATING: Todos los públicos
NOTAS: En algún momento de la tercera temporada, cuando la pareja ya está junta de nuevo, confidencias y una conversación inédita.
Mientras Meredith se termina de lavar el pelo, Derek, tumbado en la cama, piensa que parece que lo haga todo el tiempo. Se lo ha comentado alguna vez y, aunque ella pareció molestarse, a él le encanta que lo haga. El olor del acondicionador parece quedarse flotando en el aire a su paso, y siempre se queda absorto aspirando ese olor. Es curioso, ahora se da cuenta de que ha perdido un año precioso en el que podía haber sido muy feliz. Con Addison todo era distinto: no había olores bonitos, ni momentos de relax para apreciarlos. Con Meredith, la tranquilidad y el amor se daban de la mano y parecían la combinación perfecta. Está loco por ella, no es algo que pueda ocultar y tampoco lo pretende.
Finalmente, Meredith sale con el cabello seco y ese olor tan característico.
- Estás preciosa –sonríe él, mirándola fijamente.
- Llevo una bata y zapatillas, Derek, no digas tonterías.
- Tienes razón, perdona. Eres preciosa.
- Para ya –se sonroja, y se mete finalmente en la cama- Me alegra que estés aquí otra vez.
Ahí es a su lado, abrazándola y protegiéndola como si quisiese crear un escudo que le evitase de todos los males del mundo. Y ahí es donde quiere estar, recreándose de nuevo entre su pelo y el suave tacto de su piel. A veces tiene miedo de que, si deja de abrazarla, todo desaparecerá como un hermoso sueño, y entonces la aprieta tan fuerte que casi la hace daño. Pero luego la mira, ve su cara feliz y enamorada, y agradece haber tomado la decisión correcta, aunque hubiese sido tarde.
- ¿En qué piensas?
- Cuando elegiste a Addison, creí que no lo superaría –confiese la chica, sin separarse de él- Pensé que te había perdido para siempre, y tuve mucho miedo.
- Tampoco fue fácil para mí –reconoce él- Estaba enamorado de ti.
- ¿Entonces porqué lo intentaste de nuevo?
- Creí que podría olvidarte y todo volvería a ser igual con ella. Y pensé que tú lo superarías y encontrarías a alguien.
- ¿Cómo pudiste pensar eso? –pregunta, sorprendida- Me veías, tenías que notar que me dolía. Estuve a punto de dejar Seattle.
Durante un tiempo, quiso irse lejos, no volver a verle ni cruzarse nunca más con él y su mujer por los pasillos. Era tan duro encontrarse con ellos a diario, que solo Izzie y George podían llegar a comprender una parte de su verdadero estado de ánimo. Pero había salido adelante, luchando y sin rendirse. En algún momento, no recordaba porqué, había comprendido que tenía que vivir con ello, que podría seguir y que, de alguna forma, Derek siempre formaría parte de su vida. Conservó una pequeña esperanza de recuperarle, incluso estando con Finn. Era más optimista de lo que aparentaba.
- Tuve suerte de que no lo hicieses –admite Derek, devolviéndola a la realidad- Tarde o temprano, creo que hubiese comprendido mi error.
- Addison es una gran mujer.
- Sí, pero te repito que estaba enamorado de ti. Perdóname por no haberlo comprendido antes.
- Derek, no hay nada que perdonar –dice con una enorme sonrisa- Hubiese esperado todo el tiempo que hubiese hecho falta.
Le extraña escuchar una frase así de Meredith, que siempre parece tan fría y segura. Tarda unos segundos en reaccionar pero, finalmente, la abraza como si el mundo fuese a acabar, y la besa. Con calma, pausado, disfrutando cada rincón de su boca y explorando con su lengua. Recreándose en su dulzura y suavidad, grabando en su memoria ese momento junto a otros muchos que ha vivido con ella y nunca olvidará. No hay prisa, tiene toda la vida por delante y no piensa volver a perder el tiempo.
TÍTULO: El amor todavía existe
FANDOM: Anatomía de Grey
PAREJA: Meredith/Derek
RATING: Todos los públicos
SPOILERS: Hasta el 3x08 (Mirando al sol).
NOTAS: Meredith y Derek retoman su relación después de que él termine definitivamente con Addison y Meredith acabe con Finn, el veterinario. Tienen una cena en casa de Meredith.
Meredith tenía todo preparado: velas en el salón, flores frescas y un delicioso aroma que salía de la cocina. Aunque la cena había sido obra de Izzie, era ella la que se había encargado de que cada detalle fuese perfecto. Por fin volvía a estar con Derek, y no quería que nada fallase esta vez.
Cuando todo estuvo preparado, se vistió. La ropa no solía importar demasiado, pero esa noche sentirse guapa sería de gran ayuda. Era ridículo que estuviese nerviosa por tener una cita con Derek, pero lo estaba, y no sabía cómo actuar. Finalmente, se puso un vestido negro corto, se recogió el pelo y se maquilló ligeramente. El detalle especial lo puso con una pulsera con brillantes que había pertenecido a su abuela mucho tiempo atrás. Quizá era demasiado para una cena en casa, pero se sentía segura, y era lo que necesitaba en ese momento. Se miró al espejo un segundo, respiró hondo tratando de darse ánimos, y regresó al piso de abajo.
Derek llegó unos minutos después, puntual como siempre y con un precioso ramo de margaritas. Jamás le había visto tan atractivo y elegante, con traje negro y corbata de rayas sobre su camisa blanca e impecablemente planchada. La besó en la mejilla, y pasaron al salón.
- Está todo muy bonito, Meredith –reconoció, cogiendo una copa de vino que ella le ofreció- Tenía muchas ganas de cenar contigo hoy.
- Yo también, Derek –sonrió, sin dejar a entrever sus nervios- Voy a por la cena, vuelvo enseguida.
- Espera un poco, podemos hablar un rato. No tengo hambre.
- De acuerdo. ¿De qué quieres hablar?
- ¿Dónde están O’Malley y Stevens? –preguntó por sacar algún tema- Creí que vivían aquí.
- Les he echado –bromeó ella- Pasan la noche fuera, quería que esto fuese algo… íntimo.
Derek sonrió, deslumbrándola una vez más con esa preciosa sonrisa que tantas veces le había hecho perder la cabeza. Aunque no lo demostrase tanto como él, estaba locamente enamorada.
Charlaron un poco sobre el hospital, y finalmente Meredith sirvió la cena. Izzie había preparado sopa de pescado y cordero asado, que comieron gustosamente porque estaba delicioso. Lejos de lo que ambos pensaban, fue una cena distendida, en la que empezaron a recuperar la confianza que tiempo atrás les había unido. Los nervios de Meredith se esfumaron pronto, y el vino contribuyó a relajarse y que riesen juntos, recordando viejos tiempos y anécdotas del Seattle Grace.
Terminaron de cenar y, mientras Meredith metía todo en el lavavajillas, Derek curioseó entre los discos buscando algo que poner.
- No me puedo creer que tengas todos los discos de Celine Dion –rió, burlándose de ella- Pensé que tenías mejor gusto.
- Son de George –volvió al salón, y respondió con una mueca- Déjame, yo encontraré algo que poner.
- De acuerdo. Pero Celine Dion no, por favor.
Se apartó riéndose, y dejó que Meredith eligiese la música, temiendo que pusiese algún disco de O’Malley. No sabía si se lo había dicho, pero ahora, tan cerca de ella, se daba cuenta de que estaba preciosa y, posiblemente, jamás la había visto tan guapa.
Se sorprendió cuando del equipo de música sonaron las primeras notas del Love me tender de Elvis. No imaginaba a Meredith escuchando ese tipo de música, pero con ella nada era previsible, y siempre encontraba alguna sorpresa maravillosa que le hacía quererla aún más.
- Buena elección –reconoció, acercándose aún más a ella- ¿Quieres bailar?
- Claro –aceptó encantada, dejándose llevar- Derek, ¿no te parece raro todo esto?
- ¿Qué cenemos juntos? No, es lo que hacen las parejas.
- Esto parece una primera cita, y es irónico después de tanto tiempo.
- Sí, supongo que sí –admitió, sin dejar de moverse al son de la música- Pero está siendo una noche fantástica.
Ella pensaba exactamente igual. Apoyó la cabeza en el hombro de él, y dejó que le llevase hasta que la canción terminó. Ojala hubiese durado para siempre, y hubiesen seguido juntos, abrazados y sintiéndose respirar. Se separó para buscar otra canción, pero Derek la agarró de nuevo por la cintura, y la dio un suave beso. Le había echado mucho de menos, y ahora que podía tenerle cerca de nuevo, era como volver a casa. No tenía a su madre ni a su padre: Derek era ahora su familia, junto con Izzie, George y Christina.
- Creo que esta vez tenemos que hacerlo bien –le interrumpió, apartándose un poco- Vayamos poco a poco.
- Como prefieras.
- Es que… Derek, quiero estar segura de que volvemos a querernos. Quiero que nuestra relación sea como antes.
- No tienes que hacer nada –sonrió ante la ingenuidad de la chica- Meredith, sigo loco por ti. Lo que sentía existe aún.
Meredith le miró y estuvo segura de que era cierto. Era capaz de leer en sus ojos, y a pesar de que le hubiese mentido una vez, sabía que podía confiar en él más que en cualquier otra persona. Le besó, y sintió que todo era como debía ser mientras él la subía en brazos, la desnudaba con delicadeza y, solo cinco minutos después, la acariciaba en la viaje bañera. Le seguía queriendo tanto como el primer día.
Claire odiaba tener que dejarle cada mañana para ir a estudiar, pero debía hacerlo. Había terminado el instituto y, a pesar de la insistencia de sus padres, no había querido ir a la universidad, pero estaba haciendo un curso de secretariado. No le apasionaba, pero quería tener algo que en el futuro pudiese serle útil.
Cuando salió de la escuela, tenía ganas de verle. Solía comer en casa, con su madre, pero ahora que todos sabían que salía con alguien, sabía que no le importaría si no aparecía. Compró de camino al hotel una tarta de fresa, la favorita de Peter, y caminó con paso firme.
- Hola cielo –le besó cuando él abrió la puerta y sonrió sin ocultar su felicidad- Pensé que podríamos comer juntos.
- Una gran idea, pasa –invitó, y cerró la puerta- ¿Pido algo o salimos?
- Mejor pide algo, pero postre ya tenemos.
- Eres un ángel.
La besó en la punta de la nariz y llamó al servicio de habitaciones mientras ella dejaba el abrigo en una silla y la tarta sobre la mesa. Recordó todo el tiempo que llevaban juntos, escondiéndose, y se alegró de haber hablado por fin con su padre. Esos doce meses junto a Peter habían sido maravillosos, pero solo se habían visto de vez en cuando, en las visitas que él hacía a Odessa sin que los Bennett se enterasen. Ahora, todo era más fácil.
Peter regresó junto a ella unos segundos después, la abrazó con ternura y se sentó en el sofá. La habitación era en realidad casi un apartamento, y allí se sentía a gusto, pero estaba buscando alguna casa que le gustase. Aún quedaba mucho de la herencia Petrelli y, aunque Claire no había querido nada, si compraba una vivienda, sería para vivir con ella.
La comida llegó media hora después, y Peter la recibió y colocó en la mesa. Se sentaron, y Claire notó algo raro en él.
- ¿Pasa algo?
- No –respondió, esquivando su mirada- Bueno, en realidad sí. Quiero decirte algo.
- Pe… pero…
- Tranquila, no es lo que piensas –dijo leyendo sus pensamientos- Claire, eres la persona más especial de mi vida.
- Yo también te quiero, Peter.
- Te quiero más que a nada en el mundo. Necesito pasar cada segundo a tu lado, te amo.
- ¿Qué demo…?
- ¿Te quieres casar conmigo? –sonrió, sacando un anillo del bolsillo.
Claire no respondió, pero se lanzó a sus brazos, con lágrimas de emoción y llenándole de besos. La respuesta era evidente. Peter había pensado en esperar, porque ella era aún demasiado joven, pero ahora que sus padres lo sabían todo y aprobaban su relación, no había motivos para atrasarlo.
Un par de días más tarde, después de haber hablado mucho sobre la boda y darse cuenta de que los dos estaban seguros, Peter le pidió a Claire que le acompañase a ver una casa en venta, cerca de la de sus padres. Estaba casi seguro de que era lo que buscaba, pero para estarlo del todo, necesitaba que a ella también le gustase. En cuanto cruzaron la puerta y vio la cara de la chica, supo que había acertado.
- Es preciosa, Peter –dijo emocionada- Sería un sueño vivir aquí.
- Sueño cumplido, princesa –acarició su mejilla- Voy a comprarla, y vendremos en cuanto estemos casados.
- Hablando de eso, he quedado con mi padre en diez minutos. Tienes que decírselo.
- Vamos, o llegaremos tarde.
Cogió la mano de ella, se despidieron de la mujer de la inmobiliaria quedando para el día siguiente, y caminaron hacia la casa de los Bennett. Llegaron un poco antes de la hora acordada, y Noah les abrió la puerta. Abrazó a su hija, cariñoso, y después hizo lo mismo con Peter. Le consideraba casi otro hijo, y se alegraba de que ahora que se hacía mayor alguien fuese a cuidar de Claire como él había hecho durante tantos años.
Mientras la madre de Claire servía té con pastas, Peter y la chica seguían cogidos de la mano, sentados frente a Bennett. Cuando su mujer regresó, rompió el silencio.
- Bueno, contadme de qué queríais hablar.
- Le he pedido a Claire que se case conmigo –dijo el chico, sin rodeos- Y bueno, respondió que sí.
- Hijos, eso es genial –Bennett y su mujer les abrazaron con cariño y alegría- Podemos empezar a prepararlo ya y en un año más o menos…
- Papá, no queremos esperar tanto –le interrumpió Claire- Será algo familiar, en un par de meses.
Aunque a Noah le parecía una locura, se alegró de que Peter fuese a comprar una casa tan cerca de la suya. El chico sabía que necesitaban tener a Claire allí, y en cualquier caso su vida ya no estaba en Nueva York. Ahora, quería estar donde estuviese ella.
Tomaron el té comentando todas las ideas que ambos tenían, y Bennett les sugirió celebrar la boda en una pequeña capilla ya que conocía al párroco y sabía que les daría fecha pronto. Después, nada por todo lo alto: una comida familiar. No pensaban invitar a nadie más, y como bien apuntó Peter, todo lo que necesitarían ese día era tenerse el uno al otro.
Dos meses después, Peter no paraba de mirarse ante el espejo, muerto de nervios. No tenía ninguna duda, pero nunca antes de estar con Claire se había imaginado como un hombre casado. Temía no dar la talla y lo último que quería en el mundo era hacerle daño.
- No te preocupes, Peter, serás un buen marido –Bennett le ajustó la corbata y sonrió- Claire te quiere, y sé que tú a ella también.
- Claro que la quiero, pero no sé si estoy preparado.
- No seas idiota, nunca se está preparado. Pero todo irá bien.
- Te prometo que voy a cuidar de ella –dijo, abrazándole con cariño- Quiero hacerla feliz.
- Más te vale, Petrelli –bromeó- Y ahora vamos, o llegarás tarde.
Salieron del hotel, y Noah le acompañó en taxi hasta la capilla. Diez minutos después, llegó Claire con su madre y su hermano. Estaba preciosa con un vestido blanco de tirantes que le llegaba por la rodilla y su precioso pelo recogido en un moño. Peter olvidó todos sus miedos al verla, y la tomó de la mano ante el altar. Estaba tan hermosa como el día en que se conocieron, ya más de dos años atrás.
Unos minutos después, ya era un hombre casado, y se sentía más feliz de lo que jamás hubiese estado y tan enamorado de Claire que poder decir que era su esposa le llenaba de orgullo. Antes de que sus suegros le abrazasen para felicitarle, la besó con amor y supo que jamás podría dejarla ir. Por fin tenía todo lo que quería.
Después de comer los cinco juntos en un restaurante que Bennett se empeñó en pagar, Peter y Claire se dirigieron a su nueva casa. Ya estaba amueblada, pero ninguno la había visto terminada. El chico cruzó el umbral con ella en brazos, sin parar de reírse y, cuando por fin la dejó en el suelo, vio que Claire era igual de feliz.
Vieron todas las habitaciones y, cuando por fin llegaron al dormitorio, Peter se quitó la corbata y se tumbó en la cama, lanzando un suspiro. Claire sonrió y, sin decir ni una palabra, se tumbó junto a él y le abrazó.
- Señor Petrelli, ¿qué siente al estar en su nueva casa?
- Me encanta, señora Petrelli –respondió, estrechándola contra su cuerpo- Pero lo mejor es estar casado.
- Pues vete acostumbrando –le miró, apartándole el flequillo de la cara- Tiene que durar para siempre.
Peter la besó en los labios, sin prisa ni ansiedad. Tenía mucho tiempo por delante, y muchos besos aún que ofrecerle.
TÍTULO: Te quiero, te necesito, te amo
FANDOM: Héroes
PAREJA: Claire/Peter
RATING: Todos los públicos
SPOILERS: Hasta el 1x23. Tiene lugar dos años después de la explosión aproximadamente.
NOTAS: Doy por hecho que Nathan está muerto, Sylar derrotado o desaparecido al menos, y Claire ha vuelto a Odessa donde vive con su familia.
Aún le impresionaba lo excitado que se sentía cada mañana, al sentir la respiración de ella a su lado en la cama. Siempre se despertaba antes y la miraba, en silencio, feliz de que tras tantas cosas malas tuviese algo bueno que agradecer.
- Deja de mirarme, Peter –dijo Claire sonriendo, pero sin abrir los ojos- Duerme un poco más.
- Prefiero mirarte –respondió el chico dándole un beso en la frente- Eres preciosa.
- Tú tampoco estás mal.
- Voy a darme una ducha, sigue un rato en la cama si quieres.
La chica sonrió de nuevo y volvió a hundirse entre las sábanas mientras él entraba en el cuarto de baño. Se relajó unos minutos bajo el agua templada y, cuando iba a salir, Claire entró en el baño y le empujó de nuevo dentro de la ducha. Los despertares a su lado le gustaban cada vez más.
Desayunaron juntos y, mientras Peter leía el periódico, Claire removía los cereales, nerviosa.
- Tranquila, cariño. Todo va a ir bien.
- No conoces a mi padre –respondió ella, con ironía- Quizá no deberíamos.
- Para, Claire –interrumpió, apartando el periódico- Ya lo hemos hablado, y quiero contarle que estoy enamorado de ti.
La chica sonrió, agradecida. Confiaba en que él tuviese razón y su padre aceptase la relación, aunque sabía que le costaría. Era un buen hombre y quería ver feliz a su hija, y ahora que era mayor de edad, por mucho que él dijese, era libre para estar con el hombre del que al que quería. Atrás había quedado lo prohibido, porque junto a una sustanciosa herencia, Peter había recibido de su madre los papeles que demostraban que era adoptado aunque podía mantener el apellido si quería. No había nada malo en que amase a Claire y, aunque hubiese podido haberlo, ella importaba más que un apellido.
Cuando Claire y Bennett llegaron al restaurante, Peter llevaba ya diez minutos esperando. Estaba más nervioso de lo que hubiese reconocido ante ella, pero defendería sus sentimientos si era necesario.
- Hola Peter –le saludó estrechando su mano- Me alegro de verte.
- Lo mismo digo, señor Bennett.
- Ya es hora de que me llames Noah.
Peter dio un beso en la mejilla a Claire, que permaneció callada, y pidieron la comida. El chico le contó a Bennett que estaba en un hotel cercano y, aunque eso lo omitió, Claire iba a visitarle a diario. No siempre podía quedarse a dormir, pero pasaba con él todo el tiempo que podía y estaban muy unidos.
- Noah, tengo algo que decirte –se atrevió a decir Peter- Espero que esto no cambie nuestra amistad.
- Claro que no, eres casi de la familia –sonrió amablemente- Dime.
- Verás… es sobre Claire. La amo, y estamos juntos.
La chica seguía en silencio, observando atentamente a su padre. Lo que más sorprendió a Peter fue lo que un poder adquirido años atrás le reveló: Bennett ya sabía lo de su relación con Claire.
La comida continuó relajada después de que Noah les dijese que se alegraba de verles felices. Claire se quitó un peso de encima y le abrazó con cariño, agradecida por su comprensión. Se despidieron de él, y Peter y ella salieron del restaurante cogidos de la mano.
- No creí que se lo tomaría tan bien –comentó la chica mientras le acompañaba hacia el hotel- Me ha sorprendido.
- Pues a él no –respondió Peter- Claire, tu padre sabía lo nuestro.
- ¿Qué?
- No sé si recuerdas cierto poder que me transfirió Parkman hace dos años.
La chica rió, y le abrazó con todo el amor que sentía. Todos sus poderes le gustaban, pero lo que le hacía amarle era su gran corazón, su bondad y la inocencia que, a pesar de todo lo vivido, conservaba casi intacta. Peter era la mejor persona que había conocido jamás y, a su lado, se sentía tan feliz que ni siquiera encontraba palabras que lo expresasen.
Aquella noche, Claire no tuvo que inventarse una excusa para ir a dormir con Peter. Aunque ya había cumplido los dieciocho, seguía viviendo con sus padres y respetaba las normas que le imponían, pero su padre le había dicho después de la comida que podía salir con él cuando quisiese. Sabía que con el chico estaba segura, y confiaba en él casi tanto como en su propia hija.
Llamó dos veces a la puerta, como hacía siempre para que él supiese que era ella. El servicio de habitaciones ya había subido la cena, que estaba sobre la mesa, y Peter había puesto velas y algunas flores.
- ¿Es nuestro aniversario? –preguntó ella, preocupada por haberse olvidado- Lo siento, no me…
- No, tranquila –sonrió, dejando el abrigo de la chica sobre la cama- Solo me apetecía celebrar que tu padre lo acepta.
- No sé si te lo había dicho, pero te quiero.
- Sí, me suena haberlo oído.
Le encantaba cuando bromeaba y sonreía tan pícaramente como en aquel momento, y a pesar de que ya llevaban mucho tiempo juntos, seguía sin poder controlarse a veces, y se abalanzó sobre él en la cama. La cena podía esperar mientras la ropa volaba por la habitación y la risa de Peter resonaba por todas partes.
TÍTULO: Lo que está por llegar
FANDOM: CSI
PAREJA: Grissom/Sara
RATING: PG 13
NOTAS: Es difícil situarlo temporalmente, podría pasar en cualquier momento a partir de la 6ª temporada. OoC en algunos momentos.
Sara rozó levemente el hombro de Grissom como señal de victoria. Habían resuelto mano a mano otro difícil caso, y sabía que era lo más cerca que estaría de su jefe, por mucho que desease algo más.
- Sara, deberías irte a casa, has trabajado duro.
- Esperaré a Greg –respondió con voz firme- Vamos a ir a tomar algo.
- Bien hecho, hoy te lo has ganado –sonrió, y se marchó hacia su despacho.
Sara sabía que, aunque el caso ya estaba cerrado, Grissom se quedaría horas repasándolo, buscando el mínimo error y cerciorándose de que todo era correcto. Amaba su trabajo, y ella le admiraba mucho más por eso. Mientras le veía alejarse, una lágrima resbaló por su mejilla, que se secó hábilmente. Cuando se dio la vuelta, Grez ya estaba allí con su habitual sonrisa y la chaqueta en la mano.
- ¿Estás lista? Conozco un sitio aquí cerca que cierra tarde.
- Genial, me muero de hambre –dijo la chica, volviendo de sus pensamientos- Además, hoy invitas tú.
- Te aprovechas de mí –bromeó el joven CSI, y salió de la oficina seguido de Sara- Hasta que no has probado las hamburguesas de Barney’s, no sabes lo que es comer.
- Ahora me comería lo que fuese, hemos tenido un turno complicado.
- ¿Y cuándo no?
Caminaron hasta el bar, se sentaron frente a frente, y Greg pidió un par de hamburguesas con queso y patatas. Sara le contó que por fin habían detenido al culpable del asesinato de un niño de 13 años, y Greg adivinó en sus ojos que para ella había sido duro. Sabía toda su historia, que le había contado una noche delante de un plato de espagueti, y estaba fascinado con su fortaleza y talento. Había escuchado, como todos, que Sara estaba enamorada de Grissom, pero lo cierto es que últimamente salía con ella con mucha frecuencia y no estaba dispuesto a rendirse. Sara Sidle era lo único que le importaba más que su trabajo.
Grissom cerró la puerta de su despacho, se quitó las gafas y se dejó caer en la silla. Más allá de lo complicado del último caso y del trabajo de los días anteriores, se sentía cansado. Amaba su trabajo en el CSI por encima de todo, pero sabía que estaba llegando el momento de encontrar algo más. Cuando Sara había rozado su hombro, lo había notado. Se estaba haciendo mayor, y muchas veces se sentía solo. Todas las horas extra, todo el tiempo en su despacho, no eran solo por amor al trabajo.
Había visto a Sara marcharse con Greg, cosa que en los últimos meses venía ocurriendo con frecuencia. Al principio, se había alegrado por ella e incluso había pensado que Greg era perfecto. Pero desde hacía días, sus sentimientos eran tan confusos que no sabía cómo definirlos.
Catherine llamó a la puerta, sacándolo de su reflexión.
- Gil me marcho ya, ¿de acuerdo?
- Sí, claro –dijo con aire aún ausente- Mañana nos vemos.
- Tienes mala cara –observó la rubia acercándose a su mesa- Deberías irte a descansar.
- No duermo demasiado bien, prefiero estar aquí un rato más.
- O me cuentas ahora mismo qué te pasa, o hago que Brass te detenga por resistencia a la autoridad.
Grissom señaló la otra silla, le sirvió una taza de café, y se sentó sin saber por dónde empezar. Catherine le transmitía confianza, y tras un par de segundos en silencio, por fin le confesó a alguien todas las dudas que lo asaltaban, omitiendo el tema de Sara. Ella le dejó terminar, y después le miró y sonrió.
- Si no tuvieses dudas e inseguridades, no serías humano.
- Catherine, te he contado esto porque te considero una amiga –afirmó sirviéndose más café- Pero hay algo más.
- No lo contaré a nadie –respondió lo que él quería oír- Necesitas desahogarte.
- ¿Sabes que Sara y Greg salen?
- Les he visto juntos un par de veces, que yo sepa son solo amigos.
- Ya… -Grissom suspiró, y se masajeó la cabeza.
- Gil, no estarás diciendo lo que yo creo. Sabes que Sara intenta pasar página.
Lo sabía, y le gustaba que fuese una persona fuerte. Pero a pesar de ello, y de todos los puntos en contra que se había planteado mil veces, empezaba a darse cuenta de que Sara era la única persona que podría ayudarle a superar sus recientes dudas y nadie, ni siquiera Catherine, le comprendía como ella. Y tan pronto como lo reconoció, supo que no haría nada para tenerla a su lado. Se merecía ser feliz, y Greg podía ayudarla.
Aquella madrugada, cuando Greg acompañó a Sara después de las hamburguesas y un par de batidos, supo que era el momento. Antes de que la chica abriese la puerta de su piso, la cogió con suavidad por la cintura y la besó. Al separarse, vio que ella sonreía.
- ¿Te apetece pasar?
- Solo si te apetece a ti –dijo con una timidez que ella desconocía- Quizá será mejor que me vaya.
- Como quieras –aceptó, y esta vez fue Sara la que le besó a él- Mañana nos vemos.
Cuando aquella noche se tumbó en la cama, por primera vez en mucho tiempo no pensó en Grissom. El primer paso estaba dado, y aunque sabía que le costaría, sentía que con Greg a su lado podría superarlo.
Despertó a media mañana, y se duchó mientras en la radio sonaba una vieja canción de jazz. Se dirigió al teléfono y marcó el número de Greg, que ahora sabía de memoria, y quedaron antes de entrar a trabajar. Barney’s sería un buen lugar.
Se encontraron allí un par de horas después, pidieron dos ensaladas y se sentaron en la misma mesa de la noche anterior.
- ¿Qué tal has dormido? –preguntó el chico antes de meter el tenedor en su plato- Tienes buena cara.
- Gracias –respondió, sonrojándose- Estaba cansada y caí rendida, la verdad.
- Eso está bien, parece que siempre dormimos menos de lo que deberíamos.
- No lo parece, lo es. El turno de noche tiene sus inconvenientes.
- También tiene ventajas –sonrió Greg, pensando en que de no ser por él nunca se habrían conocido.
Tomaron despacio sus ensaladas, apurando la hora de entrada al trabajo. Cuando llegaron a la oficina, juntos y sonrientes, Warrick guiñó un ojo a Nick, que esperaba con él en la puerta del despacho de Grissom. El jefe llegó unos segundos después, tan puntual como siempre, y asignó un caso a Warrick y Catherine, y otro a Nick y Greg. Sara estaría con él, a la espera de alguna llamada o por si los demás necesitaban ayuda. Antes de marcharse, Greg la sonrió y la chica le correspondió. Entra con Grissom en su despacho, y se sienta frente a él.
- ¿Te apetece un café?
- No, gracias –rechaza Sara educadamente- ¿Hay trabajo atrasado, o algo que hacer?
- No, pero quería hablar contigo –confiesa su jefe, dejando las gafas sobre la mesa- He pedido tu traslado.
- ¿Cómo? ¿A dónde? ¿Por qué?
- No puedo darte una razón clara, pero creo que así será mejor para todos.
- Grissom… -le mira con ojos de cachorro, y él siente un chasquido en su corazón- No quiero irme.
- Lo sé –dice con firmeza, volviéndose a poner las gafas y mirando los papeles que tiene sobre la mesa- Pero créeme, es lo mejor.
- Quiero quedarme aquí, tengo mi vida en Las Vegas.
- Puedes quedarte en Las Vegas, pero en otro equipo.
- ¿Hay algún motivo para que no quieras ser mi jefe? –pregunta la chica, con tono enfadado- No sabía que hubiese problemas.
Grissom la mira, y sabe que Sara jamás se conformaría con la explicación que le ha dado. Sara es cabezota, fuerte y luchadora. Precisamente por eso la quiere, y está seguro de que es mejor que se aleje. Pero antes, se merece una explicación
Los segundos de silencio, mientras Grissom la observa con una expresión que Sara no comprende, se hacen eternos mientras piensa que, ahora que retomaba el vuelo, tendrá que empezar de nuevo. Sin un motivo aparente, solo porque él cree que debe ser así. Nunca le había visto imponer su voluntad como jefe de esa manera, y no alcanza a imaginar qué le ha llevado a tomar la decisión, pero puede intuir que ha sido dura. Gil Grissom y Sara Sidle son un gran equipo, y eso hasta él lo sabe.
Medita en silencio cómo decirlo sin hacerle daño, cómo explicar a Sara que siente que los años que la ha rechazado han sido el mayor error de su vida y que es el primero que perderá con su marcha. No hay nada que pueda suavizarlo, y decide ser sincero con ella, porque se lo merece.
Se levanta de su silla, cierra la puerta del despacho, y vuelve a sentarse delante de su alumna más aventajada. No sabe cómo empezar, pero se da cuenta de que las palabras surgen solas.
- He cometido muchos errores en mi vida, y he aprendido de cada uno de ellos tanto como he podido –comienza serio, ante la mirada escéptica de Sara- Si te quedases aquí, si siguiésemos trabajando juntos, cometería mi mayor error.
- No lo entiendo, Grissom. Somos un buen equipo.
- No se trata del trabajo. Sara, sé la impresión que tenéis de mí, pero hay dudas y sentimientos que me afectan.
- Es normal –dice la chica de forma comprensiva- Pero sigo sin comprender.
- Sé que sales con Greg. En cierto modo, debo decir que me alegro, pero no puedo hacerlo del todo.
Sara le conoce mejor de lo que él mismo imagina, y adivina en sus ojos lo que su jefe va a decirle. Le hace callar, se levanta, y sale del despacho sin decir nada. Nunca creyó que salir adelante sería tan complicado y, por una vez, deseaba no sentir lo que sentía por Grissom. Greg no se lo merecía, y ella no sabía si podría enfrentarse a más incertidumbre.
Grissom sabe que Sara ha pedido días libres por asuntos personales, y cuando Catherine entra en su despacho sin llamar siquiera a la puerta, intuye que algo pasa.
- ¿Me puedes explicar porqué Greg Sanders ha dejado esta unidad?
- ¿Cómo? –Grissom mira a la rubia atentamente, y sabe que no bromea- No sabía nada.
- Ha hablado con Brass, pero nadie sabe los motivos –le explica- Nick dice que le ha notado raro desde hace un par de días, pero no ha comentado nada.
- Hablaré con él, espero que no sea nada grave.
Una fugaz idea cruza su cabeza mientras se despide de Catherine y busca a Greg por los pasillos: ¿y si se va con Sara? ¿y si la chica le ha contado todo? Confusión y más confusión, y además le dicen que Greg ha salido a un caso.
Una hora después, el chico entra en su despacho. Tiene ojeras y cara de cansancio, pero Grissom sabe mejor que nadie cómo es el turno de noche. Le hace una señal para que se siente, y espera que hable.
- Me han dicho que me buscabas.
- Sí, quería hablar contigo –le mira profundamente, tratando de averiguar algo- Brass dice que nos dejas.
- Así es –responde el chico sin rodeos- En realidad, vuelvo con mis padres.
- Si tienes algún problema, puedes hablar conmigo.
- No sé si podemos llamarlo problema, Grissom, y dudo que seas el más indicado para hablar de ello.
- No me gustaría perder a un miembro de mi equipo –le comenta con tono amable- Aunque quizá no te lo haya demostrado, eres importante aquí.
- Es un problema personal. Sara y yo… bueno, salíamos. No hacía mucho, solo una semana más o menos. Me ha dejado, y necesito un tiempo.
La cara de Grissom cuando Greg termina de hablar es todo un poema, que Greg sin embargo ni nota. Le dice adiós con la mano, y le deja pensando en Sara. No entiende nada, y menos aún que la chica no haya contactado con él.
Sara está tumbada en el sofá, mirando un viejo libro de anatomía que Grissom le recomendó tiempo atrás. En un par de días, pedirá reincorporarse al trabajo, y hablará con su jefe. No está con Greg, pero no quiere estar con Grissom tampoco. Necesita superarlo, y sentirse libre es lo único que puede ayudarla.
El timbre suena, y se levanta rápida a abrir la puerta. Se sorprende tanto al ver a Grissom, que él lo nota.
- Siento no haberte avisado, pasaba por aquí y pensé que quizá estarías en casa.
- Tranquilo, pasa –dice invitándole a entrar- Sé que no te dije nada de los días libres, pero necesitaba ...
- No estoy aquí por eso, Sara –la interrumpe, a la vez que se sientan en el sofá- Esta mañana, Greg me ha dicho que se va del CSI.
- No… no tenía ni idea. Él y yo rompimos, hace un par de días.
- Lo sé, también me lo ha dicho. Si necesitas contarme algo, es el mejor momento.
- Sí, pensaba pasarme mañana a hablar contigo –reconoce la chica- Quiero volver al trabajo en un par de días. A tu equipo, si me lo permites.
- Claro.
- Pero no quiero malentendidos –le corta hábilmente- Tengo que superar muchas cosas, y tú eres una de ellas. No quiero nada contigo.
Grissom se quita las gafas, y apoya la cabeza en el respaldo del sofá. Tenía una débil esperanza, pero Sara ha sido clara e hiriente. Siente la mano de la chica en su hombro, reconfortante, y se incorpora de nuevo sin pensar dos veces lo que va a hacer. Coge con suavidad la cara de la chica entre sus manos, cierra los ojos, y le da un beso.
Sara siente que el mundo se derrite a sus pies. Ni en sus mejores sueños los besos de Grissom eran así, y piensa que el sabor de la miel a su lado es amargo. Cálido y dulce, tierno, y suficiente para compensar tantos años imaginándolo. No quiere que ese momento acabe nunca, pero unos segundos después, Grissom se separa de ella y baja la cabeza sin atreverse a decir nada. No es propio de él actuar irreflexivamente, posiblemente nunca lo había hecho, pero no se arrepiente. Jamás en su vida había sentido lo mismo, y se siente un idiota por haber esperado tanto tiempo. Se levanta, y bebe un vaso de agua en la cocina mientras Sara permanece inmóvil en el sofá. Se mira en el espejo del baño, y sabe que jamás había sentido tanto calor, ni esas ganas de abrazarla y hacerle el amor allí mismo. Para Grissom, la palabra pasión ha tomado sentido al besar a Sara Sidle.
Cuando vuelve al salón, Sara se encuentra en la cocina, y él vuelve a sentarse sin saber qué hacer, tratando de ocultar inútilmente los sentimientos que se agolpan en ese momento. No sabe dónde mirar, ni qué decir, pero sabe que ha cometido un error al hacer justo lo contrario de lo que Sara le acababa de pedir. Es una chica con carácter, y posiblemente esperará que él se marche sin decir nada, así que es lo que hace.
Se levanta y abre la puerta de la calle, pero Sara sale de la cocina, y le mira con media sonrisa.
- ¿Dónde vas?
- Perdona, Sara, me he dejado llevar. Lo siento mucho.
- Siéntate, estoy preparando té.
Grissom hace lo que ella le pide, aunque no entiende nada. Puede que Sara solo quiera hablar y exigir una explicación. Si Catherine le viese, inseguro y torpe, se reiría de él, pero en el fondo le daba igual. El riesgo había merecido la pena, y ahora solo deseaba que Sara le dijese que lo iba a olvidarlo y todo volvería a ser como antes.
- Bébete el té, está bueno.
- Sí, claro –responde Grissom intentando recobrar su seguridad- Deberíamos olvidarlo todo, es mejor que me vaya.
- Termínate el té, Grissom –insiste la chica, sin dejar de sonreír- Tenemos que hablar, creo.
Grissom sigue sin comprender nada, pero vuelve a beber un trago de té, porque Sara tiene razón: está muy rico. Le recuerde al beso de hace unos segundos, pero aparta el recuerdo de su memoria antes de que su cuerpo responda. No quiere sentirse avergonzado de nuevo.
Sara deja un momento la taza sobre la mesa, desaparece, y vuelve unos segundos después con una foto que tiende a Grissom.
- Soy yo, con 6 años –le explica al ver una interrogación en su cara- Sabes que mi padre no se portó muy bien conmigo.
- Sara, tu padre te maltrataba. Se portó muy mal.
- Lo sé, pero yo leía cuentos, y siempre esperaba que un príncipe azul llegaría con un caballo y me apartaría de todo aquello.
- No te imaginaba leyendo cuentos –reconoce él, divertido- Pero las víctimas de malos tratos siempre buscan ayudas como esa.
- Grissom, cuando te conocí, sentí que debía dejar de esperar al príncipe. Tú me has ayudado a curar viejas heridas.
Esta vez, es Sara la que toma la iniciativa y se lanza sobre Grissom con un beso más apasionado si cabe que el anterior, tan caliente que esta vez él no tiene tiempo de parar lo inevitable, y por una vez en su vida, decide dejarse llevar. Aparta la chaqueta de Sara y comienza a besar su cuello y sus hombros, mientras ella le acaricia con dulzura y desabrocha su camisa. La excitación apenas le permite hablar, pero escucha entre jadeos cómo la chica pronuncia su nombre y siente que su pantalón va a explotar cuando por fin ella le desabrocha. Se miran, y a medio desvestir, caminan hacia el dormitorio.
TÍTULO: Perdido
FANDOM: Héroes
PAREJA: Claire/Peter
RATING: PG 13
SPOILERS: Ninguno importante. Temporalmente, se situaría antes de la bomba, cuando Claire está en Nueva York con Ángela Petrelli.
Mira al techo de su apartamento fijamente, como si esperase una señal. Lo que acaba de hacer le atormentará durante el resto de su vida, y posiblemente se ha ganado por méritos propios una plaza en el infierno. Cuando al fin se atreve a mirar a su lado, entre las sábanas distingue el cabello rubio y la piel, tan blanca y suave como comprobó la noche anterior. Claire se mueve y, al verle observándola, no puede evitar una risita nerviosa.
- ¿Qué haces, Peter?
- Eh… nada, solo pensaba –contesta poniéndose rojo- Debería llevarte a casa de Nathan.
- Seguro que pueden esperar un poco más –la chica sonríe, pícara, y le acaricia un mechón de pelo- Hay que celebrar que estás vivo, ¿no?
- Claire, lo de anoche no debió haber pasado –dice por fin- Soy tu tío, y eres menor de edad.
- ¿Y?
- Si alguien se entera, podría ir a la cárcel.
No se lo diremos a nadie piensa ella, y levanta la sábana para perderse otra vez en el cuerpo de Peter. Puede leer en su cabeza lo que tiene que hacer, cómo hacerlo y cuándo parar. Para tener solo dieciséis años, Claire tiene las cosas muy claras. Y él sabe que está perdido mientras piensa que el poder de Matt Parkman es el más útil de todos los que posee.